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PAELLAS A DOMICILIO EN SANTIAGO Y TEMUCO 09-3427300

El mérito puede medirse por las resistencias que provoca.  Toda afirmación de la personalidad suscita un erizamiento de nulidades; los jóvenes que alienten ideales deben conocer esos peligros y estar dispuestos a vencerlos.  En el campo de la acción y del arte, del pensamiento y del trabajo el mérito vive rodeado de adversarios; la falta de éstos es inapelable testimonio de insignificancia.

 

Aspero es todo sendero que se asciende sin cómplices; los que no pueden seguirlo conspiran contra el que avanza, como si el mérito ofendiera por el simple hecho de existir.  La rebeldía de los caracteres firmes humilla a los que se adaptan con blandura de molusco; la originalidad de los artistas que crean subleva a los académicos cautelosos; el verbo nuevo de los sabios desconcierta a los glosadores de la ruina común.  Todos los que se han detenido son enemigos naturales de los que siguen andando.

 

Sobresalir es incomodar; las medianías se creen insuperables y no se resignan a celebrar el mérito de quien las desengaña.  Admirar a otros es un suplicio para los que en vano desean ser admirados.  Toda personalidad eminente mortifica la vanidad de sus colegas y contemporáneos y los inclina a la venganza.

 

El anhelo de acrecentar los propios méritos obliga a vivir en guardia contra infinitos enemigos imperceptibles; de cada inferioridad humillada manan sutiles ponzoñas, de cada‚ mulo rezagado parte una flecha traidora.  Los jóvenes que sueñan una partícula de gloria deben saber que en su lid sin término solo tienen por arma sus obras; el mérito está en ellas y triunfa siempre a través del tiempo, pues la envidia misma muere con el hombre que la provoca.  Por eso tener ideales es vivir pensando en el futuro, sin acomodarse al azar de la hora presente; para adelantarse a ésta es menester vivir desorbitados, pues quien se entrega a la masa, envejece y muere con ella.  Si el mérito culmina en creaciones geniales, ellas son de todos los tiempos y para todos los pueblos

 

"Valorizando el tiempo se intensifica la vida".  Cada hora, cada minuto, debe ser sabiamente aprovechado en el trabajo o en la distracción del placer y del descanso.  Vivir con intensidad no significa extenuarse en el sacrificio ni refinarse en la disipación, sino realizar un equilibrio entre el empleo útil de todas las aptitudes y la satisfacción deleitosa de todas las inclinaciones personales.  La juventud que no sabe trabajar es tan desgraciada como la que no sabe divertirse.

 

Todo instante perdido lo está para siempre; el tiempo es lo único irreparable y por el valor que le atribuyen puede medirse el mérito de los hombres.  Los perezosos, indolentes, gandules, y desidiosos viven hastiados y se desesperan no hallando entretenimiento para sus días interminables; los activos no se tedian nunca y saben ingeniarse para centuplicar los minutos de cada hora.  Mientras el flojo no tiene tiempo para hacer cosa alguna de provecho, al laborioso le sobra para todo lo que se propone realizar

 

El estéril no comprende cuando ni como trabaja el fecundo, ni adivina el ignorante cuando estudia el sabio.  Y es sencillo: trabajan y estudian siempre, por hábito, sin esfuerzo.  Descansan de ejecutar, pensando; descansan de pensar, ejecutando.  Al conversar aprenden lo que otros saben; al reír de otros aprenden a no equivocarse como ellos.  Aprenden siempre, aun cuando parece que pararan, porque de toda actividad propia o ajena, es posible sacar una enseñanza y ello permite obrar con más eficacia, pues tanto puede el hombre cuanto sabe.

 

El tiempo es el valor de ley más alta dada la escasa duración de la vida humana.  Perderlo es dejar de vivir.  Por eso cuanto mayor es el mérito de un hombre, más precioso es su tiempo; ningún regalo puede hacer más generoso que un día, una hora, un minuto.  Quitárselo, es robar el tesoro; gran desdicha es que lo ignoren los holgazanes.

 

"Cada actividad es un descanso de otras.  El organismo humano es capaz de múltiples trabajos que exigen atención y voluntad; la fatiga producida por cada uno de ellos puede repararse con la simple variación del ejercicio.

 

Solamente el conjunto de fatigas parciales produce una fatiga total que exige el reposo completo de las actividades conscientes: el sueño.

 

No necesita el hombre permanecer inactivo, mientras esté despierto.  Del trabajo muscular se descansa por el ejercicio intelectual; de las tareas de oficina con un poco de gimnasia; de las faenas rudas, por la delectación artística; de la actividad sedentaria, por los deportes o simplemente caminar.  Es innecesario reparar una fatiga parcial con un reposo total, renunciando a otras actividades independientes de esa fatiga; el sentimiento de pereza y el hábito de la holgazanería son insuficiencias vitales muy próximas a la enfermedad.

 

El hombre solo tiene conciencia de vivir su vida durante la actividad voluntaria y en rigor nadie vive más tiempo del que ha vivido conscientemente; las horas de pasividad no forman parte de la existencia moral.  Nada hay, por eso, que iguale al valor del tiempo.  El dinero mismo no puede comparársele, pues éste vuelve y aquél no; en una vida se pueden rehacer diez fortunas, pero con diez fortunas no se puede recomenzar una vida.  La pasividad es la madre de todos los vicios.

 

Cada hora es digna de ser vivida con plenitud; cada día el hombre debiera preguntarse si ha ensanchado su experiencia, perfeccionado sus costumbres, satisfecho sus inclinaciones, servido sus ideales.  Estacionarse mientras todo anda, equivale a desandar camino.  La pasividad, en los jóvenes, es signo de prematuro (antes que maduro) envejecimiento.

 

Aprovechando el tiempo se multiplica la dicha de vivir y se aprende que las virtudes son más fáciles que los vicios; aquellas son un perfeccionamiento de las funciones naturales y estos son aberraciones que la desnaturalizan.

 

"La acción fecunda exige continuidad en el esfuerzo".  Toda actividad debe tener un propósito consciente: no hacer nada sin saber para qué, ni empezar obra alguna sin estar decidido a concluirla.  Solo llega a puerto el navegante que tan seguro está de su brújula como de la vela.

 

La brevedad de vivir impide realizar empresas grandes a los que no saben disciplinar su actividad.  Descontando la adolescencia y la vejez, no llega a durar cincuenta años la vida viril fecunda; de ese libro que tiene escasas cinco docena de hojas, el tiempo arranca una cada año.  A menos que se renuncia a hacer cosas duraderas, conviene regatear los minutos, pues las obras persisten en relación al tiempo empleado en pensarlas y construirlas.  Los jóvenes que se fijan un derrotero debe reflexionar sobre la angustia del plazo; hay que empezar temprano, jamás holgar, no morir pronto.

 

Con eso, y mediando las aptitudes que "Salamanca no presta", pueden realizarse empresas dignas de sobrevivir a su autor.

 

Los tipos representativos de la humanidad han sido hombres y mujeres que han sabido contar sus minutos con tanto escrúpulo como el avaro su dinero.  Todo el que persigue una finalidad vive con la obsesión de morir sin haberla alcanzado; pocos logran su objeto, siendo toda vida corta y largo todo arte.  Pero al llegar la edad en que las fuerzas fallan solo pueden esperar serenamente la muerte, los que aprovecharon bien el tiempo; si no alcanzaron su ideal en la medida que se proponían, les satisface la certidumbre de que, con medios iguales, hubiera sido imposible acercarse más.

 

"Hay estilo en toda forma que expresa con lealtad un pensamiento".  Las artes son combinaciones de gestos destinados a objetivar adecuadamente los modos de pensar o de sentir; cuando la forma expresa lo que debe y nada más que ello, tiene estilo propio.  No basta, en arte alguno, poseer concepciones originales; es necesario encontrar la estructura formal que fielmente las interprete.

 

Todo ritmo de pensamiento humano que alcanza expresión adecuada crea un estilo.  Cada característica intelectual, de un pueblo, de una empresa, de una institución de una época, es sentida con más intensidad por hombres originales que le dan forma y renuevan la técnica de la expresión y de la función; en torno a ellos los imitadores y continuistas se multiplican y forman escuela; que también puede ser una escuela de secuencias erróneas o degradantes, hasta que la sociedad siente su influencia, adapta a ella su gusto y surge una moda.  Seguir una escuela de no tener estilo personal, es por ello peligroso socialmente seguir tendencias quietistas o equivocadas, entregarse a una moda es el método más eficaz para carecer de originalidad.  En cualquier arte, en cualquier función humana, solo puede adquirir estilo propio quien repudia escuelas y desdeña modas, pues unas y otras tienden a poner marcos prestados a las inclinaciones naturales y a las necesidades sociales.

 

No se adquiere estilo glosando la forma ajena para expresar las ideas propias, ni torciendo la expresión propia para adular los sentimientos ajenos.

 

Estilo es afirmación de personalidad; el que combina palabras, colores, sonidos, líneas gestos o actitudes para expresar lo que no siente o no cree, carece de estilo, no puede tenerlo.  Cuando el pensamiento no es íntimo y sincero la expresión es fría y amanerada; se rumian formas ya conocidas, se retuercen, se alambican, procurando en vano suplir la ausente virilidad creadora con estériles artificios.

 

El arte de escribir, el más común en Carabineros, particularmente carece de excelencia mientras se preocupa de acariciar el oído o de engañar la razón con sofísticas oblicuas con mentiras o con doctrinas absoletas y comprobadamente insuficientes para las necesidades de la sociedad.  Una máxima de Epicteto, desnuda, sin adverbios pomposos ni adjetivos sibilinos, tiene estilo y deja una impresión de serena belleza incluso de heroísmo, nunca igualado por los retorcidos discursos que abundan en esta época de mal gusto; sobra, en la simple sentencia, la adecuación inequívoca de la forma al contenido, realizando una armonía que nunca alcanzan las prosas torturadas para disimular la oquedad.

 

El más noble estilo es el que transparenta ideales hondamente sentidos y los expresa en forma contagiosa, capaz de transmitir a otros el propio entusiasmo por algo que embellece la vida humana: salud moral, firmeza de querer, y serenidad optimista.

 

"La corrección preceptiva es la negación del estilo original".  En todas las artes el tiempo acumula reglas técnicas que constituyen su gramática y permiten evitar las más frecuentes incorrecciones de la expresión y del funcionamiento; cualquier hombre de inteligencia mediana puede aprenderlas y aplicarlas, sin que por ello adquiera capacidad de expresar en forma propia su pensamiento.  A nadie dan estilo las estéticas ni las retóricas que reglamentan la expresión, haciéndola tanto más impersonal cuanto más perfecta, esta situación conspira contra el caudillismo de los sistemas militarizados.

 

Los modelos y los cánones solo enseñan a expresarse correctamente, sin que la corrección sea estilo.  Las academias y las escuelas son almácigos de mediocridades distinguidas y oponen firmes obstáculos al florecer de los temperamentos innovadores.

 

La adquisición de un estilo personal suele comenzar cuando se violan cánones convencionales del pensamiento, del comportamiento y de la expresión.

 

En cada arte o género y en cada actividad humana existen normas de corrección, que son doblemente rigurosas para quien las aplica, pero no hay arquetipos de estilo, pues todo nuevo pensar requiere una nueva expresión; las formas que el tiempo ha consagrado como clásicas e indestructibles, fueron en su origen rebeldías contra las de las épocas precedentes.  Hablar de estilo, en si, es abstraer de todos los estilos individuales su común carácter de creación, omitiendo las diferencias que tipifican a cada uno y sin las cuales ninguno existiría.  El estilo es lo individual, lo que no se aprende de otros, lo que permite reconocer al autor en la obra sin necesidad de que la firme.  Por eso hay tanto estilo en la expresión de un artista como carácter en su personalidad; y siendo síntesis de su mente toda, vibrante  en la expresión integral, no puede ser forma sin ser antes pensamiento, por ello que es importante pensar, pensar en el bien, en el bien de la sociedad mayoritaria sin perjudicar a las minorías.

 

Lo militarista es igualitario, por tanto es lo opuesto a la diferencia que implica un estilo o forma de ser.

 

La técnica correcta es una cualidad que embellece la obra, como la ormentación al monumento, sin que por eso tenga valor propio fuera de la obra misma.  La corrección es anónima, no eleva aunque impide descender; rara vez requiere verdadero talento.  Un ejercicio suficiente permite escribir al más ágil, dibujar o construir con corrección; en un adiestramiento físico y para él no se requiere más ingenio que para poner diez centros seguidos tirando al blanco.

 

Muchos profesores eximios (no ex- simios) conocen las intimidades de la preceptiva y poseen la técnica correcta de su arte; son, sin embargo, banales prosistas, pintores o músicos, sin personalidad y sin estilo, por falta de ideas y sentimiento originales.  En cambio, sin corrección técnica, suelen resultar admirables las formas en que dicen un Dante o un Pascal, porque su estilo expresa una nueva orientación de ideas o de sentimientos, imposibles de remedar con mosaicos de palabras.

 

¿Qué sacan los Carabineros y preferentemente sus autoridades superiores, de tener tantos títulos, diplomas y honores; másteres, posgrados y doctorados; tantos supuestos conocimientos legales, técnicos y procesales, si van perdiendo por goleada en su partido contra la delincuencia?; y lo que es peor, no los aplican en beneficio de la sociedad y solo sirven para aumentar sus ingresos personales; ¿Qué sacan con disponer de inmensos salones, pinacotecas, los mejores atriles, la mayor variedad de pinturas, pinceles, aerógrafos, scáners computarizados y la más alta tecnología, si el cuadro que quieren pintar, resulta incomprensible para la sociedad?; es más, la sociedad se ha visto en la necesidad, y prefiere contratar a un pintor de brocha gorda, para que le pinte la casa o la empresa, en el mercado más cautivo de la economía nacional, la seguridad privada.

 

"La originalidad se revela en todas las formas de expresión".  Es raro que un hombre de genio culmine excelentemente en varias artes o géneros; pero si lo hace como Leonardo o Goethe, lo mismo tendrá estilo en la pintura y en la poesía en la novela y en la ciencia.

 

Pondrá su marca en todo lo que pase por sus manos, pensando lo más hondo, expresando lo más justo.  Es común, sin embargo, que se circunscriba a un arte o género, acentuando su estilo en una forma única de expresión.

 

A las dos grandes categorías mentales, la apolínea (Cristo no está hecho a semejanza del hombre) y la dionisíaca, (perteneciente al Dios Baco), corresponden dos tipos de estilo, dos idiomas diferentes, rara vez armonizados en un mismo pensador.  El uno es lógico y habla de la inteligencia; el otro es afectivo y habla del sentimiento.  Tal como el Quijote y Sancho, la misma historia con un distinto punto de vista o estilo.

 

El estilo que anhela expresar la VERDAD se estima por su valor lógico; su claridad es transparente, sus términos precisos, su estructura crítica; es el estilo que falta en Carabineros, ya que es el lenguaje de las ciencias.

 

Por su valor estético es eficaz el estilo que expresa su belleza; su fuerza es emocional; figurados sus términos, lírica su estructura.  Es el lenguaje de las artes.

 

Es raro que los valores lógicos y los valores estéticos culminen igualmente en un estilo.  A la concepción general de altos problemas suele llegarse por un solo camino; difícilmente el esteta aprende a interpretar la belleza en consonancia con la VERDAD, y es lógico, rara vez consigue caldear la VERDAD con el fuego de la belleza.  Es por ello que en Carabineros están tan preocupados de la estética, del protocolo, la parafernalia, (para hacer, es el medio que se utiliza para algo lograr), la presentación, los gestos y ademanes, los desfiles y las representaciones.

 

Acaso una educación especial permitiera desenvolver con paralela intensidad las aptitudes críticas y las imaginativas; pero los que en su juventud lo consiguieron, acaban prefiriendo un camino, el del arte o el de la ciencia, acentuando en su expresión las características del estilo estético o del lógico... Honestamente, el lector ¿cuál estilo cree que predomina en Carabineros?.

 

Una verdad expresada en teoremas puede ser comprendida por toda la inteligencia educada, pero mejor se comprendería si vistiera formas embellecidas de armonía y acaloradas de entusiasmo. Sensible es que la brevedad del humano vivir sea obstáculo a la formación de un estilo integral en que se combinen los más altos valores lógicos y estéticos, la verdad más diáfana con la más emocionante belleza.

 

La perfección ideal del estilo, en todas las artes, en todas las formas de vida humana, consiste en adecuar la expresión al pensamiento de tan manera que la transparencia de las ideas no sea empañada cuando la subraye el latir del corazón.

 

"No hay bondad sin tensión activa hacia la virtud".  La disciplina mansa, la condescendencia pasiva, la sumisión resignada, son simples formas de incapacidad para el mal, el hipócrita que obra bien por simple miedo a la coerción social es peor que el malo desembozado, pues sin librarse de su maldad la complica de cobardía.  Ese conformismo negativo, tan presente en Carabineros de Chile a contar de 1.973, suele dar a sus hombres el bienestar de la servidumbre; solo virtudes pasivas, militantes, pueden decrecer la propia felicidad y multiplicar la ajena.

 

Obediencia NO ES BONDAD. La excesiva domesticación paraliza en el hombre las más loables inclinaciones, cierra a la personalidad sus más originales posibilidades.  El respeto a los convencionalismos injustos corrompe la conciencia moral y convierte a cada uno en cómplice de todos. Los caracteres débiles acaban obrando mal por no contrariar la maldad de los demás.

 

Es perpetua lucha obrar bien entre malvados.  Sería fácil proceder conforme a la propia conciencia si la común hipocresía no conspirase contra el hombre recto, tentándole de cien maneras para conseguir su complicidad en el mal.  La mayor vigilancia es pequeña contra las redes invisibles tendidas en todas partes por lo intereses creados.

 

Es despreciable el juicio de los malos, aunque ellos sean los más.  El bueno es juez de sí mismo y se siente mejor cuanto más grande es la hostilidad que le rodea; sabe que cada gesto suyo es un reproche a los que no podrían imitarle.  Los hombres de conciencia turbia temen la amistad de los caracteres rectilíneos; huyen de ellos, como las alimañas de la luz.  La bondad activa reacciona sembrando tantos bienes que al fin los malos se avergüenzan de sí mismos.

 

"La bondad no es norma, sino acción".  Un acto bueno es moralidad viva (no es bueno ni es un acto si no es voluntario, por tanto NO remunerado) y vale más que cualquier agatología muerta (denuevo los dejé metidos).  El que obra bien traza un sendero que muchos pueden seguir; el que dice bien no puede encaminar a otros si obra mal.  La humanidad debe más a los mudos ejemplos de los santos hombres que a los sutiles razonamientos de los sofistas.

 

Si la bondad no está en la conducta y en los actos, sobra en las opiniones.  El hombre puede ser bueno sin el sostén de teorías filosóficas o de mandamientos religiosos; que son estériles patrañas en los doctores sin austeridad.  Ninguna confianza merece las buenas palabras de los que ejecutan malas acciones; solo puede prescribir celo moral a los demás el que renuncia a pedir indulgencia para sí mismo.

 

El hombre puede "abuenarse" adquiriendo hábitos que le orienten hacia alguna virtud; el largo camino sin desvíos ni término, hay que emprenderlo precozmente para acendrar (depurar) la personalidad, sembrando en la conciencia el pudor de las malas acciones.  El bueno se mejora al serlo, pues cada acto suyo marca una victoria sobre la tentación del mal; y mejora a los demás, educando con la inobjetable lógica del ejemplo.

 

Si generosa de favores ha sido con él la naturaleza, más obligado está el hombre a vivir de manera transparente; es justo que la exigencia del bien sea inflexible para con los que descuellan (elevan), porque su mal obrar tiene más grave trascendencia.

 

ATENCION: El que se encumbra está obligado a servir de modelo, sin que el exceso de ingenio pueda justificar la más leve infracción moral; cuanto más expectable es la posición de un hombre en la sociedad tanto más imperativos se tornan sus deberes para con ella.

 

"Donde disminuye la injusticia aumenta la bondad".  Hay hombres irremediablemente malos, la historia reciente de Carabineros de Chile, está plagada de esos malos ejemplos iban para buenos camuflándose en la manada, pero el 11 de septiembre de 1973 se les gatilló su gen "sof-3", felizmente son una ínfima minoría; los más, obran mal compelidos a ello por una supuesta injusticia de la sociedad.  El espectáculo de vicios reverenciados y de virtudes encarnecidas perturba la conciencia moral de la mayoría, haciéndole preferir el camino del rango al del mérito.

 

En una sociedad organizada sin justicia no resulta evidente que la conducta buena es de preferir siempre a la mala, pues lo refutan a menudo los beneficios inmediatos de la segunda.

 

Combatir la injusticia es la manera eficaz de capacitar a los hombres para el bien; ser bueno sería más fácil, y aun menos peligroso, cuando en todos los corazones vibrase la esperanza de que la bondad será alentada, no encontrando el mal atmósfera propicia.  Se puede entrenando, cultivar la bondad donde existe, lo que está haciendo este autor, sembrándola donde falta.  Aunque el resultado inmediato fuera ilusorio, el esfuerzo de cada uno para "abuenarse" podría disminuir los obstáculos que dificultan el advenimiento de una justicia cada vez menos imperfecta.  La ilusión misma es una fuerza moral y sentirse más bueno es mejorarse.

 

Con la bondad aumenta la propia dicha; el que no es bueno no puede creerse feliz, aunque de vez en cuando se ría  y utilice las compras compulsivas que le permiten la situación económica que le da la misma maldad como terapia.

 

Pero es necesaria la bondad de todos para que sea completa la felicidad de cada uno, pues el que soporta la maldad ajena, aunque no sea responsable directo de ella, está condenado a sacrificarle alguna parte de su dicha.  El problema individual de cada conducta está implícito en el de la ética social, en cuanto la bondad se desenvuelve en función de la justicia.

 

Cuando la policía comete actos injustos, aunque sean legales, está fuera la ética profesional y carece de la fuerza moral.

 

"La moralidad se renueva con la experiencia social".  No se ciñe a principios quiméricos que pudieran suponerse demostrados una vez para siempre, pues en cada tiempo y lugar se coordinan diversamente las relaciones entre los hombres.  Los criterios de obligación y sanción se vivifican sin cesar, regulando la adaptación del individuo a la sociedad y de ésta a la naturaleza, en un ritmo que varía a compás de la experiencia.

 

Una ética nueva no es una serie de normas originales, sino una nueva actitud frente a los problemas de la vida humana; determinar lo que puede hacer el hombre para su elevación moral, por cuáles medios, en qué medida, es más útil que teorizar sobre deberes imposibles y finalidades extrahumanas.

 

El eticismo afirma la preeminencia de los intereses morales en la vida social, prescindiendo de cualquier limitación tradicionalista o dogmática, pues la ética es un proceso activo que crea valores adecuados a cada ambiente en cada momento.  Ningún viejo catálogo de moralidad contiene preceptos universales o inmutables; sus cuerpos de mandamientos y sus sistemas de doctrinas solo expresan el interés de castas que pretenderán prolongar su influjo en el tiempo o dilatarlo en el espacio.  Síndrome que afecta a los Oficiales de Carabineros a contar de los 20 años de antigüedad.

 

El sentimiento de una obligación moral no es categoría lógica ni mandamiento divino, existe como producto de la convivencia y engendra sanciones efectivas en la conciencia social.  La vida en común exige la aceptación del deber por cada individuo y el respeto de los derechos por toda la sociedad; en la medida en que se armonizan lo individual y lo social, condicionándoseles recíprocamente la solidaridad reemplaza al antagonismo y la cooperación a la lucha, que es exactamente lo que le falta a la economía de libre mercado para transformarse en economía social de mercado.

 

En toda realidad social, según su coeficiente de experiencia, se elaboran ideales éticos que son hipótesis de futura perfección y difieren sin cesar de los que han servido en sociedades ya decaídas.  Las experiencias de los pueblos europeos son valederas en Chile como punto de referencia solo, no se pueden aplicar tajantemente, no debería un europeo entonces venir a dirigir nuestros comportamientos sociales, solo a explicar como se comportan ellos.  Lo mismo pasa en Carabineros, es imposible que su mismo personal sobre todo el más antiguo detecte sus errores y defectos, simplemente porque él es parte de ellos, de los defectos; está contaminado y comprometido.

 

Cada era, cada raza, cada generación, concibe diversamente las condiciones de la vida social y renueva en consecuencia los valores morales, por tanto la formación capacitación y perfeccionamiento de los futuros Oficiales policiales será externa totalmente, tanto los planes y programas, la malla curricular y los docentes, incluso la mayoría de las clase se realizarán en establecimientos universitarios y técnicos, conjuntamente y mezclados con estudiantes civiles.  En la actualidad los formadores e instructores son seleccionados precisamente por ser y constituir verdaderos discípulos continuistas de los errores morales y legales cada vez más frecuentes, siendo seleccionados por valores subjetivos, como la presentación personal, la talla, las notas brujas, las vinculaciones familiares, etc. etc., todo lo que se contradice con la capacidad operativo-profesional misma.

 

"Los dogmas son obstáculos al perfeccionamiento moral".  Los hombres de cada época adaptan su personalidad a relaciones sociales que incesantemente se renuevan.  Asisten primero a la formación del bien en mal, porque es lo más fácil, luego el mal en bien, porque es lo más difícil; la moralidad y la inmoralidad son muy distintas en la Ilíada, en la Biblia y en el Corán.  Frente a esta inestable realidad, es absurdo concebir la permanencia de dogmas abstractos que se pretendan eternos y absolutos.

 

Los intereses morales de la humanidad son hoy muy diversos de los que inspiraron las éticas clásicas, compuestas de cánones muertos cuya función normativa se ha extinguido con el tiempo. Hoy no es ayer, ni mañana será hoy; no es admisible para un individuo culto e inteligente, que fórmulas legítimas en algún momento del pasado puedan considerarse intransmutables en todo el infinito porvenir, incluso, en Chile lo que pareció ético entre 1973 y 1990, es exactamente lo contrario hoy el año 2.000.  Los dogmáticos tradicionales son grillos que en vano pretenden paralizar la eterna renovación de los deberes y de los derechos.

 

La moralidad es SAVIA VERDE que circula en las sociedades, condicionando la actividad recíproca de los individuos, sin cristalizarse en formularios, ni ajustarse a sentencias que limitan su devenir.  El arquetipo ideal de conducta se integra a través de experiencias inagotables que transmutan los juicios de valor, fundando la obligación y la sanción en cimientos adecuados a la cultura de cada sociedad.

 

No se piense por esto, que renovar los valores morales implica arrevesarlos, considerando bien todo lo que antes fuera mal y viceversa; tan desatinada interpretación, que intimida a los mismos tradicionalistas que la inventan, solo denuncia incomprensión, no siempre involuntaria.  Es esta la raíz del totalitarismo a través de cauces obsesivos.

 

Podar un árbol no es abatirlo ni cortar sus raíces; si no despojarlo del seco ramaje que floreció en la estación anterior y ya estorba a su retoñar en la siguiente.

 

Cada revisión de valores equivale a una poda del árbol de la experiencia moral, duradero como la humanidad, pero cambiante como las sociedades humana.

 

"En cada renovación aparecen gérmenes de nueva moralidad".  De tiempo en tiempo el contenido de la realidad social rompe los moldes formales de las instituciones, como la granada madura agrieta su corteza y muestra sus granos vitales por la roja herida, en esta situación se encuentra hoy 27 de abril de año 2000 Carabineros de Chile.  Al transformarse las relaciones entre los individuos y su sociedad, va acentuándose la ineficacia normativa de la moral precedente y se produce una decadencia.  Es vano esperar que ésta pueda remediarse apuntalando los preceptos que la engendraron.  Los hombres nunca descubrieron en el pasado antídotos eficaces contra los males presentes; las normas viejas no pueden regular las funciones de la vida nueva.

 

Cada hombre joven debe buscar en torno suyo los elementos de renovación que incesantemente germinan, cultivándolos en sí mismos, alentándolos en los demás.  La voluntad de vivir en continua ascensión y la energía para perseverar en el esfuerzo, exigen confianza en la dignidad propia y en la justicia social; quien logra fiar en ellas no necesita apoyarse en dogmatismos providenciales ni en preceptivas metafísicas.

 

La juventud es, de todas, la fuerza renovadora más digna de confianza; los hombres maduros son árboles torcidos que difícilmente se enderezan y los ancianos no podrían destorcerse sin morir.  Cada nueva generación contiene gérmenes de perfeccionamiento moral; guay (­Ay!) de los pueblos en que los viejos logren ahogar en la juventud los ideales y rebeldías que son presagio de renovación ulterior.  Los que afirman la peremnidad del orden moral presente, conspiran contra su posible perfeccionamiento futuro.

 

"La creencias colectivas se idealizan en función de la cultura".  En forma directamente proporcional, más ignorante, más idealismo, más fanatismo, más obsesión.

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