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LA MORAL EN CARABINEROS DE CHILE COMO FACTOR DE INSEGURIDAD CIUDADANA CAP.7

La honda emoción del hombre ante los misterios de la naturaleza dio origen a sentimientos religiosos, más tarde puestos al servicio del legítimo anhelo de la perfección moral; aquella emoción y este anhelo, consolidados en muchos milenios de experiencia, parecen destinados a persistir en la humanidad, aunque  variando de contenido y de forma.  A medida que aumenta la cultura se plasman y extinguen los mitos, nacen, mueren dogmas, se organizan y disgregan iglesias.  La emoción ante el misterio aspira a depurarse de su contenido supersticioso, el anhelo de perfección moral se eleva a voluntad de ser mejor y de vivir entre hombres mejores; el sentimiento religioso, al idealizarse, conviértese en puro amor, en pura idolatría al deber, a la justicia, a la belleza, a la verdad.

 

Convirtiendo en función colectiva ese sentimiento, organizándolo, las religiones han tenido en su comienzo un fin ético y han sido fuerzas eficientes de cohesión social, sin que a ello fuera obstáculo sus inevitables quimeras, debidas a la falsa explicación de lo desconocido por lo sobrenatural.

 

Solo más tarde, al constituirse en iglesias y ejercitar un poder temporal, han adquirido una estructura política y antepuesto los intereses materiales al fervor sentimental de sus orígenes. Al misticismo, rebeldía que afiebra las horas iniciales, ha seguido en las religiones el dogmatismo, osificación que apuntaba intereses creados.  Mientras los apóstoles creen recibir revelaciones y las narran en sus textos, los teólogos razonan para interpretar lo que no siempre creen y adaptarlo a las conveniencias de sus iglesias.

 

Frente a las religiones que envejecen y se materializan, el sentimiento místico sigue engendrando subjetivas herejías, que puede el tiempo convertir en nuevas religiones; las actuales han sido heréticas (herejes) de las precedentes el cristianismo, del judaísmo, el protestantismo del catolicismo, el unitarismo, del protestantismo etc.  etc..  En cada tiempo y lugar la herejía de los místicos ha sido un factor de progreso moral, ora desacatando los dogmas de las iglesias decadentes, ora afirmando la posibilidad de orientar el sentimiento hacia ideales menos imperfectos.

 

En el devenir multisecular los pueblos se han apartado gradualmente de sus primitivas supersticiones, humanizando sus creencias y adaptando las condiciones sin cesar renovadas de la  vida social.  A esto responde que el Papa Juan Pablo II, diga ahora que el cielo y el infierno no existen, que son estados de sensaciones personales y más recientemente que reconoce que el catolicismo mandó a asesinar miles de personas para imponer sus ideas y que el Papa Pio XII, se confabulo con Adolf Hitler para exterminar al pueblo judío y muchas otras modificaciones a sus dogmas con el fin de hacerse más creíbles, dado al desmesurado avance de otras creencias en todo el mundo.

 

Los dogmas de las iglesias pueden considerarse tanto menos adecuados a los fines éticos cuanto más divino y sobrenatural se pretende su origen, pues el mejoramiento de la moralidad efectiva, solo es posible en los límites de lo humano y lo natural.

 

"La moralidad está en razón inversa de la superstición".  Las religiones más supersticiosas son las menos morales, pues más atienden a la materialidad de las ceremonias que al contenido ético de la conducta.  Lo mismo ocurre entre los adeptos de cada religión; la masa ignorante posee menos moralidad que las minorías cultas.

 

En todas las actividades sociales modernas de fines del siglo XX, el menos capaz, él con menos mérito, él más depresivo, recurre a la superstición que excluye la primacía moral; son valores antiéticos.  Demás está decir lo inconveniente que es para la sociedad toda la agrupación de estas personas que necesitan aferrarse a algo para poder tener una vida más o menos digna; pero es aun peor para ellos porque la experiencia ha demostrado que son víctimas fáciles de embaucadores, falsos profetas, iluminados y todo tipo de delincuentes, que hacen de esta situación de indefensión social su forma de vida, ya que como decíamos anteriormente, solo se persigue la materialidad, tanto de las víctimas, que pretender por este medio mejorarse socialmente, como del delincuente embaucador.

 

Como decíamos anteriormente en Carabineros como actividad profesional es donde más se nota la modificación de sus costumbres religiosas, donde la mayoría era Católico no participante o no activo, se han equilibrado en cantidad con los evangélicos, testigos de Jehová, mormones, y otros.

 

Los elementos naturales del sentimiento religioso son permanentes.  La emoción ante lo incomprendido suele sobrevivir a la pérdida de las creencias ancestrales, engendrando formas superiores de misticismo, desmaterializada supuestamente.

 

Un dulce éxtasis optimista puede embargar a los que contemplan las armonías siderales, a los que buscan el unísono entre la mente humana y el infinito que le rodea a los que ansían aumentar la felicidad entre los hombres.  Las formas estéticas, morales, metafísicas o sociales del misticismo, son transmutaciones superiores del sentimiento religioso, libres de superstición y de dogmas.

 

El valor ético de la religiosidad no ha sido privilegio de ninguna iglesia determinada y las más bellas virtudes humanas no fueron gracia particular de cualquiera de los dioses.  Todas las creencias, alguna vez, inspiraron nobles ejemplos de conducta, que constituyen un patrimonio moral común a toda la humanidad.

 

Los pueblos que veneran más dioses o los han venerado, no son los que practican o han practicado más virtudes.  Solo después de adorar, astros, animales, héroes, imágenes, aprende el hombre a elevar su veneración hasta ideales éticos.  Es por ello que los miembros de la FF.AA. en Chile y fundamentalmente en Carabineros, que es el caso que nos reúne, cuando estos hombres, veneran supuestos ídolos generados a la fuerza o por la ignorancia y falta de valor de los seguidores, es doblemente difícil que se eleven a venerar ideales éticos, en su reemplazo, es que caen embaucados por el afán de consuelo.

 

En todas las religiones la abundancia de ofrendas y la crueldad de los sacrificios es signo de superstición, no de moralidad, exactamente lo contrario; las iglesias que manejan las unas y reglamentan los otros, son empresas en que la administración de los intereses temporales ha relegado a segundo plano las finalidades éticas.

 

"La fe es pasión de servir a un ideal".  Es eterna y eternamente se renueva, porque no implica una creencia particular sino un estado de conciencia que puede coexistir con todas.  Es por ello que las religiones son totalitarias, absorsivas e intolerantes con las otras religiones, en la práctica es el temor a que se puedan esfumar sus "clientes".

 

Nos referimos a iglesia, como un conjunto de personas de cualquier credo; en Chile, es costumbre llamar iglesia a la capilla, el templo, la basílica, etc. lo que es un error.

 

Los que aman apasionadamente un ideal demuestran fe si lo predican con firmeza o lo defienden con heroísmo.  Es por ello, las procesiones y las prédicas públicas.

 

La fe de los místicos es una fuerza para la acción, pero no es un método para llegar al conocimiento de la verdad.  Un estado de ánimo que impulsa a creer apasionadamente es útil para obrar, pero como pasión SE PERTURBA EL JUICIO, excluye la crítica y cristaliza la creencia, no es instrumento adecuado para investigar, sobre todo porque la historia ha demostrado que las agrupaciones religiosas, como las agrupaciones gremiales o profesionales, benefician ostensiblemente el espíritu de cuerpo, siempre en perjuicio de la ética y la moral y por tanto en contra de la verdad.  Porque, además el hombre ancestralmente y en su instinto animal se agrupa por protección y para ir de caza, como depredador, nunca para beneficiar a otro, siempre para beneficiarse, no importando el medio.

 

Por muchos senderos puede marcharse con igual fe, aunque persiguiendo distintos objetivos.  No obra la fe de igual modo cuando adhiere a supersticiones muertas y cuando entusiasma por ideales vivos.  Su intensidad puede ser la misma al servicio de la verdad o del error, pero obviamente, no son iguales sus resultados; ora sostienen un pasado que se derrumba, ora construyen un porvenir que deviene.

 

El sentimiento religioso expurgado de las supersticiones ancestrales, podrá convertirse, en hombres más cultos, en una pura aspiración moral que no contradiga a las verdades de su tiempo; perfeccionándose en función de las experiencias, inspirará el deseo de obrar moralmente, dignificando la vida individual y social.

 

Llegara el momento en que los hombres mejores no busquen la complicidad de utilitarios dioses, acaso inventados para consuelo de las víctimas o para la justificación de los verdugos; la fe acentuará entonces, las fuerzas morales que le impongan buscar en la sabiduría las FUENTES insecables del deber y de la responsabilidad.

 

Y cuando un hábito de siglos les haga mirar a los alto, verán que un cóndor, el ideal, tiende sin cesar las alas hacia una estrella, sin alcanzarla nunca.

 

La fe sobrevivirá a todas las supersticiones, compeliendo al hombre hacia la perfección moral que es infinita.

 

Entonces, ¿Por qué Agnóstico?.

 

La fisiología es la ciencia de los fenómenos que ocurren entre los seres vivientes.  A pesar de su claridad esta definición, impone la necesidad de explicar los principales términos que contiene.

 

Procuremos, pues, dilucidar los siguientes puntos

 

1. -Qué es un fenómeno.

 

2. -Cuáles son los fenómenos que ocurren entre los seres vivientes

 

3. -Qué es una ciencia.

 

1. -Fenómeno, es toda apariencia o manifestación que está bajo los sentidos.  Pero ¿Qué es lo que cae bajo los sentidos? o mejor ¿qué podemos conocer por los sentidos?.

 

La naturaleza sobre la tierra se compone de cuerpos inanimados o brutos y seres vivientes.  Los cuerpos brutos están constituidos por materia, forma y energía, íntimamente unidas; así el hidrógeno, el oxígeno, el cabón, el fierro, la madera, el azúcar, el agua, etc. están compuestos no solo de materia sino que también de energía.

 

La materia es el elemento inerte; nos da la noción de extensión y la de cantidad o masa de los cuerpos.

 

La energía es el elemento activo de la naturaleza animada; nos da la noción de intensidad, pero no posee ni extensión ni masa.

 

La materia y la energía están sometidas a ciertas leyes, de las cuales la más importante es conocida con el nombre de: principio de conservación de la energía...:

 

"Nada se crea, nada se pierde".  Todo lo que pasa en la naturaleza, en la tierra y en los sistemas y galaxias más remotas, no es sino una mutación de materia y de energía.

 

Cuando 12 Grms. de carbono y 32 grms. de oxígeno se combinan para dar nacimiento a 44 grms. de ácido carbónico, la cantidad permanece la misma (44 grms), pero la energía contenida en esos dos cuerpos, hasta entonces latente y potencial, aparece, por lo menos, en parte bajo la forma de luz y calor y medida en el "calorímetro", da 97,6 calorías.

 

Aplicado a una cierta cantidad de agua líquida el calor da nacimiento a una fuerza, que separa las moléculas de aquella y la convierte en "vapor de agua".  Esta fuerza o tensión del vapor es transformada en ciertas máquinas (locomotivas, dinamos, etc,) sea en fuerza motriz, sea en electricidad, las cuales a su turno, pueden ser convertidas en calor, en luz, en magnetismo, etc. Las cosas suceden como si hubiera un agente único (la energía) que revistiera sucesivamente variados aspectos (formas de energía).

 

Estas formas de energía, nacen la una de la otra y pueden volver, sin pérdidas de intensidad, a su forma inicial.  Se dice que son equivalentes.

 

Esta disgresión nos ha permitido arrojar una mirada sobre los elementos de la naturaleza inanimada.

 

Volvamos ahora a la cuestión inicial: ¿Qué podemos conocer por los sentidos?; ¿Para qué nos sirven?.

 

Los sentidos nos ponen en relación con el mundo externo por medio de órganos especiales, formados todos ellos con arreglo a un tipo único...:

 

Una célula situada en la periferia; Una célula situada en el centro y células intermedias que las unen.

 

La célula periférica recibe la impresión que viene de afuera y la transforma en influjo nervioso, que las células intermedias transmiten a la célula central.

 

Estas consideraciones bastan para demostrar que los sentidos no pueden ser impresionados sino por la energía, porque solo la energía puede ser cambiada en influjo nervioso, que no es en suma sino una forma de energía y puede ser transmitida así de la periferia al centro.  La energía es pues, el objeto común de nuestros sentidos, según sea uno u otro el sentido que impresione, decimos que estamos en presencia de una u otra de sus formas.

 

Así percibida por la vista la energía es designada con el nombre de luz o energía óptica; percibida por el sentido térmico es llamada calor o energía térmica, y estas dos formas de la energía, calor y luz, por nombrar algunas de las más básicas, parecen no ser en realidad más de dos grados diferentes de intensidad de una sola misma especie de energía, la energía eléctrica.  El tacto percibe la fuerza de resistencia; el oído percibe el sonido que son la sensación producida por la variación en la presión de aire; el gusto y el olfato, en fin son estimulados por la energía química.

 

Los sentidos aplicados a los instrumentos modernos son los medios de que dispone en la actualidad el hombre para estudiar la naturaleza, ahora bien, la imperfección de tales medios es innegable.

 

Desde luego los sentidos no son impresionados por todas las formas de energía; no poseemos sentidos especiales para la electricidad, para el magnetismo, los cuales solo podemos percibirlos transformados en energía óptica, térmica o mecánica.

 

Las mismas nociones de la energía adquiridas directamente por los sentidos no son perfectas. Así, no podemos ver los objetos muy pequeños o muy alejados o bien aquellos que pasan muy rápidamente delante de nuestros ojos.

 

Por el sentido térmico no podemos percibir las diferencias de temperatura sino hasta cierto grado bajo la temperatura de nuestro cuerpo o sobre ella.  Del mismo modo el oído no es impresionado por toda vibración del aire a las que sobrepasan un determinado ritmo o frecuencia o no llegan a él.  El tacto nos da nociones muy poco precisas sobre la energía mecánica.  En fin, el gusto y el olfato son medios de análisis químicos muy rudimentarios.

 

Por lo demás el hombre trata de ensanchar artificialmente el campo de investigación de sus sentidos, El microscopio, el telescopio, el termómetro, el teléfono, el método gráfico no hacen sino ampliar un poco los límites de acción de los sentidos.

 

Acción y reacción- causa efecto: esta es la vida.

 

Pero si tenemos sentidos para percibir ciertas formas de la energía, con todos los avances que nos ha dado la tecnología, no tenemos ninguno que perciba la materia, la cual no podemos conocer sino indirectamente, debido a constituir a su propiedad de constituir el substratum de la energía y emitirla bajo las diversas formas sensibles: luz, calor, fuerza mecánica, etc...  Así yo no percibo la materia de ese papel, pero si las radiaciones ópticas que refleja, ni la materia de la madera del cortaplumas, sino la fuerza de resistencia que opone a mi mano.

 

Aun más, si bien, gracias a los sentidos percibimos directamente la existencia de la energía e indirectamente la existencia de la materia, la ESENCIA, de estos dos elementos de la naturaleza permanece para nosotros inaccesible.  No sabemos, ni sabremos jamas, que es la materia ni que es la energía.

 

Hemos dicho que fenómeno es aquello que cae bajo nuestros sentidos.  Podemos agregar ahora, que un fenómeno es un hecho, un acto que se desprende de la energía en forma capaz de impresionar a nuestros sentidos.

 

Los fenómenos de la materia inanimada son las mutaciones de energía y de materia de los cuerpos brutos, percibidas por nuestros sentidos.

 

Pero:  ¿Qué debemos entender por fenómenos vitales o fenómenos propios de los seres vivos?.

 

Todo ser viviente tiene un cuerpo compuesto de materia y de energía.

 

El análisis químico elemental nos muestra que este cuerpo está formado por un pequeño numero de elementos, entre los cuales, los más importantes son: el carbono, el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno, el azufre, el fósforo, el calcio, el magnesio y el fierro.

 

Estos elementos aparecen combinados en ciertas proporciones y forman una substancia compleja, el protoplasma y el bioplasma, que existe en todos los seres vivientes y que solo se encuentra en los seres vivientes.

 

El bioplasma constituye, por así decirlo, el substratum, de la vida, tal como la materia constituye el substratum de la energía.

 

Pero, así como un trozo de mármol no constituye una estatua, así una partícula aislada de protoplasma no constituye un ser viviente.

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