Blogia
mariodelafuente-eldardo

LA MORAL EN CARABINEROS DE CHILE COMO FACTOR DE INSEGURIDAD CIUDADANA CAP.2

El hombre perfectible, si considera incompleta su doctrina o insegura su posición, busca fórmulas nuevas que superen el presente, en vez de cerrar los ojos para volver a los errores tradicionales.  La juventud cuando duda, rectifica su marcha y sigue adelante; la vejez incapaz de vencer el obstáculo, desiste y vuelve atrás.  Es este el gran problema filosófico que en la actualidad tiene entrampada a la sociedad chilena con las FF.AA.  En Carabineros se han modernizado solo los medios técnicos y se han postergado, incluso retrasado los procedimientos y comportamientos morales.

 

En todos los campos de actividad el deseo de perfección impone deberes de lucha y de sacrificio; el que dice, enseña o hace, despierta la hostilidad de los quietistas.  No afrontan ese riesgo los hombres moralmente envejecidos, han renunciado a su propia personalidad, entrando a las filas, marcando el paso, vistiendo el uniforme del conformismo.  Incapaces de esfuerzo, será siempre contra los ideales de la nueva generación, aunándose en defensa de los intereses creados y sintiéndose respaldados por el complejo aparato coercitivo que les proporciona la misma sociedad.  La forma natural de la defensa social será entonces el restar poder coercitivo, por ejemplo restándoles el "ministerio de la fe", o creando otras organizaciones que cumplan esa función social.

 

Amar la perfección implica vivir en un plano superior al de la realidad inmediata, renunciando a las complicidades y beneficios del presente.  Por eso los grandes caracteres morales se han sentido atraídos por una gloria que emanará de sus propias virtudes; y como los contemporáneos no podían discernir la vivieron imaginativamente en el porvenir, que es la posteridad.

 

Camino de perfección es vivir como si el ideal fuese realidad.  Fácil es mejorarse pensando en un mundo mejor; está cerca de la perfección el que se siente solidarizado por las fuerzas morales que en su rededor florecen.  Es posible acompañar a todos los que ascienden, sin entregarse a ninguno se puede converger con ideales afines sin sacrificar la personalidad propia.

 

No es bueno que el hombre esté solo, pues necesita la simpatía que estimula su acción, pero es temible que esté mal acompañado, pues las imperfecciones ajenas son su peor enemigo.  Hay que buscar la solidaridad en el bien, evitando la complicidad en el mal.

 

El hombre perfectible sazona los más sabrosos frutos de su experiencia cuando llega a la serenidad viril, si el hábito de pensar en lo futuro le mantiene apartado de las facciones henchidas de apetitos.  En todo tiempo fue de sabios poner a salvo los ideales de la propia juventud, simplificando la vida entre las gracias de la naturaleza, propicias a la meditación.  Que en la hora del ocaso es dulce la disciplina iniciada por Zenón, renovada por Séneca y Epicteto, practicada por Marco Aurelio, cumbres venerables de la trova ejemplar cuyo ideal cantó Horacio en versos inmortales.  Y fácil es, como desde una altura abarcan a las nuevas generaciones en una mirada de simpatía, no turbada por la visión de sus pequeños errores.

 

Quien tiende hacia la perfección procura armonizar su vida con sus ideales.  Obrando como si la felicidad consistiera en la virtud, se adquiere un sentimiento de fortaleza que ahuyenta el dolor y vence la cobardía.  Todos los males resultan pequeños, frente al supremo bien de sentirse digno de sí mismo.  (No basado en la fuerza o en la cobardía del otro).  La santidad es de este mundo; entran a ella los hombres que merecen pasar al futuro como ejemplos de una humanidad más perfecta.

"Rectilíneo debe ser el servicio de un ideal" y no es un ideal cuando es un trabajo remunerado. Quien ha concebido un arquetipo de "VERDAD" o de "BELLEZA", de "VIRTUD" o de "JUSTICIA", solo puede acercársele resistiendo mil asechanzas que le desvían.  La vida ascendente exige una vigilancia de todas las horas; el favor y la intriga conspiran contra la dignidad de la juventud, apartándola de sus ideales mediante fáciles prebendas.  Toda concesión, en el orden moral, produce una invalidez, todo renunciamiento es un suicidio.  La historia reciente de Chile nos lo comprueba.

 

Avergüenzate joven, de torcer tu camino cediendo a tentaciones indignas.  Si eres artesano evita enlodazarte recibiendo cosa alguna que no sea compensación de tus méritos; si eres poeta, no manches la técnica de tu musa cantando en la mesa donde se embriagan los cortesanos; si eres sembrador, no pidas la protección de ningún amo espera la espiga lustrosa que al encantamiento de tus manos rompe el vientre de la tierra; si eres sabio, no mientas, si eres maestro, no engañes, si eres policía no cometas delitos, ni calles los delitos de tus compañeros.  Pensador o filósofo, no tuerzas tu doctrina ante los poderosos que la pagarían sobradamente; por tu propia grandeza debes medir tu responsabilidad y ante la estirpe entera tendrás que rendir cuenta de tus palabras.  Sea cual fuere tu habitual menester, - hormiga; ruiseñor o león- trabaja, canta y ruge con entereza y sin desvío: vibre en ti una partícula de tu pueblo.

 

Joven Servidor del pueblo, no imites al siervo que se envilece para aumentar la ración de su escudilla.  Desprecia al corruptor, acúsalo y compadece al corrompido.  Desafía, si es necesario el encono y la maledicencia de ambos, pues nunca podrán afectar lo más seguramente tuyo de ti: tu personalidad.  Ninguna turba de domésticos rastreros, puede torcer a un hombre libre.  Es como si una piara (manada de cerdos) diese en gruñir contra el chorro De La Fuente dulce y fresca: el agua seguiría brotando sin oír y, al fin los mismos gruñientes acabarían por abrevarse en ella.

 

Algo necesita cada hombre de los demás; respeto.  Debe conquistarlo con su conducta.  No es respetable el que obra contra el sentir de su propia conciencia; todos respetan al que sabe jugar su destino sobre la carta única de su dignidad.

 

No hay delincuentes respetables, ni inductores, complotadores, cómplices, encubridores, ayudistas y cobardes que guardan silencio u obstruyen la justicia.  Todo es doblemente sancionable cuando proviene de Organizaciones policiales o policías individualmente.  Pierde la autoridad moral y la dignidad y queda destinada a la desaparición toda la organización

 

La firmeza es acero en la palabra y diamante en la conducta.  La palabra es sonora cuando es clara; todos la oyen si la pasión se caldea y a todos contagia si inspira confianza.  La autoridad moral es su eco, la multiplica.  Más vale decir una palabra transparente que murmurar mil enmarañadas.  Los que tienen una fe o una ideología desdeñan a los retóricos y a los sofistas; nunca se construyen templos con filigranas, ni se ganaron batallas con fuegos de artificios.

 

Cuando es imposible hablar con dignidad, solo es lícito callar.  Decir a medias lo que se cree, disfrazar las ideas, corromperlas con reticencias, hacer concesiones a la mentira hostil, es una manera hipócrita de traicionar el propio ideal.  Las palabras ambiguas se enfrían al ir de los labios que las pronuncian a los oídos que las escuchan; no engañan al adversario que en ellas desprecia la cobardía, ni alientan al amigo que descubre la defección.

 

De la palabra debe pasar a la firmeza de la conducta.  No se cansaban los estoicos de recordar el gesto firme del senador Helvitio Prisco.  Pidiole un día Vesasiano que no fuera al Senado, para que su austera palabra no perturbara sus planes.

 

- Está en vuestras manos quitarme el cargo, pero mientras sea senador no faltar‚ al Senado.

 

- Si vais, repuso el emperador, será para callar vuestra opinión.

 

-         No me pidáis opinión y callar‚

 

- Pero si estáis presente no puedo dejar de

pedírosla.

 

- Y yo no puedo dejar de decir lo que creo justo.

 

- Pero si la decís os haré morir...

 

- Los dos haremos lo que está en nuestra conciencia y depende de nosotros.  Yo diré la verdad y el pueblo os despreciará.

 

Vos me haréis morir y yo sufrir‚ la muerte sin quejarme.  ¿Acaso os he dicho que soy inmortal?.

 

Graba este ejemplo en tu memoria Joven Oficial Policial, ahora que eres artesano, estudiante, poeta, sembrador o filósofo.  Probable es que no puedas imitarlo en grado heroico, pero no lo olvides de tu habitual escenario.  Haz de él un mandamiento de tu credo.  Piensa que el porvenir de tu pueblo está en el temple moral de sus componentes.

 

"El que duda de sus fuerzas morales está vencido".  Manos que tiemblan no pueden plasmar una forma, apartar un obstáculo, izar un estandarte.  La confianza en las fuerzas morales debe ser integral para actuar con eficacia.  La vida es lucha incesante para los caracteres firmes, pues los intereses creados reclaman complicidad en la rutina común.  No puede resistir quien teme ceder.

 

Firme es el hombre que sabe corregir sus juicios, reflexionando sobre la experiencia propia o la ajena; voluble es el que sigue las últimas opiniones que escucha o acepta por temor las que otros le imponen.

 

Firmeza es virilidad lúcida, distinta de la ciega testarudez; tan grande es la excelencia del que sabe querer porque ha pensado, como pequeña es la miseria del que se obstina en mantener decisiones no pensadas.

 

La firmeza puesta al servicio de una causa justa, que beneficie a una mayoría sin perjudicar a una minoría, alcanza al heroísmo cuando contra ella se adunan los domesticados y los serviles.  En toda lucha por un ideal se tropieza con adversarios y se levanta enemigos, el hombre firme no los escucha ni se detiene a contarlos.  Sigue su ruta, irreductible en su fe, imperturbable en su acción. Quien marcha hacia una luz no puede ver lo que ocurre en la sombra.

 

Nada deben los pueblos a los que anteponen el inmediato provecho individual al triunfo de finalidades sociales, más remotas cuanto más altas; todo lo esperan de jóvenes capaces de renunciar a bienes, aún contradiciendo a su mujer; a honores aun contradiciendo a su egoísmo y a la vida, antes que traicionar la esperanza puesta en cada nueva generación.

 

"Los jóvenes sin derrotero moral son nocivos para la sociedad".  La incomprensión de un posible enaltecimiento los amodorra en las realidades más bajas, acostumbrándolos a venerar los dogmatismos envejecidos.  Su personalidad se amolda a los prejuicios, su mente adhiere a las supersticiones, su voluntad se somete a los yugos.  Pierden la posición de su yo, la dignidad, que permite abstenerse de la complicidad en el mal.  La historia reciente de cada individuo en Carabineros nos ha demostrado que ha aumentado en un 500% la cantidad de ingreso a otros credos, sectas o religiones no católica, principalmente a los evangélicos.  ¿Qué cree Ud. que induce que cinco veces más Carabineros busquen el refugio en una nueva fe desde 1980?.

 

Se envilece a la juventud aconsejándole el fácil camino de las servidumbres lucrativas. Cierren los jóvenes el oído a esas palabras de tentación y de vergüenza.  Quien ame la grandeza de su pueblo debe enseñar que el buen camino suele resultar el más difícil, el que los corazones acobardados consideran peligroso.  No merecen llamarse libres los que declinan su dignidad.  Con temperamentos mansos que forman turbas arrebañadas, capaces de servir pero no de querer.  Aquí empieza la Ley del Rebaño.  Donde se diluyen las responsabilidades individuales, en la multitud de los iguales.

 

La dignidad se pierde por el apetito de honores actuales, trampa en que los intereses privados aprisiona a los hombres supuestamente libres; solo consigue renunciar a los honores el que siente superior a ellos.  La gacetilla fugaz, el pasquín indecente o el liviano volante promocional, escribe sobre arena ciertos nombres que suenan con transitorio cascabeleo; los arquetipos de un pueblo son los que anhelan esculpir el propio en los sillares de la raza.

 

"No es digno juntar migajas en los festines de los poderosos".  Si jóvenes deshonran su juventud, la traicionan, prefiriendo la dádiva a la conquista.  En toda actividad social, arte, ciencia, incluso en las policías, fórmanse con el andar del tiempo castas de hombres que han llegado a perder su dignidad.  Desean mantener las cosas como están, oponiéndose a cuanto signifique renovación y progreso; son los enemigos de la juventud, sus corruptores.

 

Todos, insisto, todos ofrecen a cambio de la adulación y del renunciamiento, sinecuras en la burocracia, rangos en las academias.  Aceptar es complicarse con el pasado.  Juventud que se entrega es fuerza muerta, pierde el empuje renovador.

 

La burocracia es una podadora que suprime en los individuos todo brote de dignidad.  Uniforma, enmudece, paraliza.

 

NO puede existir moralidad en la nación mientras los hombres se alivianen de méritos y se carguen de recomendaciones, acumulándolas para ascender, sin más anhelo que terminar su vida en la jubilación.  Una casta de funcionarios es la antítesis de un pueblo.

 

Donde los parásitos abundan, se llega a mirar con desconfianza la iniciativa y parece herejía toda vibración de pensamiento, vigor de músculo y despliegue de alas, No se emprende cosa alguna sin el favor del Estado, convirtiendo al erario en muleta de lisiados y paralíticos.  Las andaderas, las muletas y la ortopedia, son disculpables para los niños y para los enfermos, el adulto que no puede andar solo es un inválido; la organización del Estado que no puede andar sola o no cumple sus objetivos no es válida para la sociedad y esta invalidez real debe ser compensada en forma efectista, con falsos méritos, honores y piochas que adornen su magra existencia.

 

Libres son los que saben querer y ejecutar lo que quieren; nunca hacen cosa alguna que les repugne, ni intentan justificarse culpando a otros de sus propios males.

 

Esclavos son los que esperan el favor ajeno y renuncian a dirigirse a sí mismos incurriendo en mil pequeñas vilezas que carcomen su conciencia.

 

"La independencia moral es el sostén de la dignidad".  Si el hombre aplica su vida al servicio de sus propios ideales, no se baja nunca.  Puede comprometer su rango y perderlo, exponerse a detracción y al odio, arrastrar las pasiones de los ciegos y la oblicuidad de los serviles, pero salva siempre su dignidad.  Nunca se avergüenza de sí mismo, meditando a solas.

 

El que cifra su ventura en la protección de los poderosos vive desmenuzando su personalidad, perdiéndola a pedazos, como cae en fragmentos un miembro gangrenado.  Su lengua pierde la aptitud de articular la verdad.  Aprende a besar la mano de todos los amos y, en su afán de domesticarse, él mismo los multiplica, para todo ello, debe mejorar su presentación y su apariencia, ingresando a las filas del hedonismo, que considera al placer como único fin en su vida.

 

Para seguir el derrotero de la dignidad deben renunciarse a las cosas bastardas que otorgan los demás; todas tienen por precio una ABDICACION MORAL.  El mayor de los bienes consiste en no depender de otros y en seguir el destino elaborado por las propias manos.

 

Joven que piensas, estudias y trabajas, que sueñas y amas, joven que quieres honrar tu juventud, nunca desees lo que solo puedes obtener por favor ajeno; anhela con firmeza todo lo que pueda realizar tu propia energía.  Si quieres incar tu diente en una fruta sabrosa, no la pidas; planta un árbol y espera.  La tendrás, aunque tarde, pero la tendrás seguramente y será toda tuya y sabrá a miel cuando la toquen tus labios.  Si la pides, no es seguro que la alcances; acaso tardes en obtenerla mucho más que si hubieras plantado un árbol, y, en teniéndola tu paladar sentirá el acíbar (acidez) de a servidumbre a que la debes.

 

"Las fuerzas morales convergen al sentimiento del deber".  La personalidad solo es coherente y definida a quien llega a formularse deberes inflexibles, que impliquen un pacto rectilíneo con los mandatos de dignidad.  Sin ser Ley escrita, el sentimiento del deber es superior a los mandamientos revelados y a los códigos legales: impone el bien y execra el mal, ordena y prohibe.  Refleja en la conciencia moral del individuo la conciencia moral de la sociedad; en su nombre juzga las acciones, las conmina o las veta.

 

El deber no es una vana premisa dogmática de viejas morales teológicas o racionales.  Más que eso, mejor que eso, es toda la moral efectiva y afectiva, toda la moralidad práctica: un compromiso entre el individuo y la sociedad.  Nace y varía en función de la experiencia social; con ella se encuentra o se abisma.  En la medida en que la justicia va consagrando los derechos humanos, surgen los deberes que son su complemento natural y les corresponden como la sombra al cuerpo.  Puesto que los hombres no viven aislados, es deber de cada uno concurrir a todo esfuerzo que tienda al mejoramiento de su pueblo, desempeñando con eficacia las funciones apropiadas a sus aptitudes.  Por tanto si no tiene aptitudes debe renunciar a esa función en busca de su propia identidad.  El hombre que elude el deber social es nocivo a su gente, a su raza, a la humanidad.

 

En los jóvenes que no deshonran su juventud, los deberes son el reflejo de los ideales sobre la conducta, cuanto más intensa es la fe en un ideal, más imprescindible es el sentimiento que compele a servirlo.

"El deber es un corolario de la vida en sociedad".  Si la moral es social, los deberes son sociales.  Quimérica es toda noción de un deber que no se refiera al hombre y a su conducta afectiva; el deber trascendental, divino o categórico, ha sido una hipótesis ilegítima de las antiguas morales especulativas e intimidantes.  En todas las razas y en todos los tiempos existió el sentimiento del deber, pero manifestado concretamente en deberes variables con la experiencia social, distintos en cada época y en cada sociedad, todos perfectibles, como la moralidad misma.

 

Han aumentado simultáneamente los derechos reconocidos por la justicia y los deberes impuestos por la solidaridad.  Reducir el deber a un mandamiento sobrenatural o a un concepto de la razón, importa substraerlo a la sanción real de la sociedad y relegarlo a sanciones hipotéticas e indeterminadas.

 

Ignorando el origen social del deber, no lo pudieron definir los estoicos, aun concibiendo magníficamente la perfección humana, por desconocer ese origen dieron los dialécticos en construir con genio admirable absurdas doctrinas del deber absoluto.  Absurdas, como todo lo que contradice a la naturaleza.  Si la justicia fuese perfecta en la sociedad, podría concebirse el deber absoluto; pero esa hipótesis no ha sido efectivamente realizada en ninguna sociedad, ni es posible cosa alguna invariable en una realidad que eternamente varía y variará.

 

La injusticia ha existido y existe, creando el privilegio que es violación del derecho.  De ello no se infiere que no ha existido el deber, ni que debe existir respetando la injusticia.

 

El sentimiento del deber, si absoluto en la conciencia del individuo, es relativo en la justicia de la sociedad.  Donde es violado el derecho, tórnase menos imperativo, cuando todos los derechos son respetados, cada hombre se inclina a cumplir sus deberes.  Ninguna fuerza coercitiva impone normas de conducta contrarias a la propia conciencia moral.  La obligación del deber solo reconoce la sanción de la justicia.

 

En efecto, el hombre que dobla su conciencia bajo la presión de ajenas voluntades ignora el más alto entre todos los goces, que es obrar conforme a sus inclinaciones; se priva de la satisfacción del deber cumplido por el puro placer de cumplirlo.  La obediencia pasiva es domesticidad y servilismo sin crítica y sin contralor, signo de sumisión, audacia e insolencia; el cumplimiento del deber implica entereza y valentía, cumpliéndolo mejor quien se siente capaz de imponer sus derechos.

 

Afirmar que el deber es social no significa que el Estado o la Autoridad puedan imponer su tiranía al individuo.  El sentimiento del deber es siempre individual y en él se refleja la conciencia moral de la sociedad; pero cuando el Estado, la Autoridad o los Jefes circunstanciales no son la expresión legítima de la conciencia social, puede consistir el deber en la desobediencia, aun a precio de la vida misma.  Así lo enseñaron con alto ejemplo los mártires de nuestra independencia, de la libertad y de la justicia.  Cuando la conciencia moral considera que la Autoridad es ilegítima, obedecer es una cobardía y el que obedece traiciona a su sentimiento del deber.  Acaso sea ésta la única falla de Socrates en la cárcel, si hemos de creer en la letra de su platónico diálogo con Critón, donde el respeto a la Ley impone la obsecuencia a la injusticia.

 

La sociedad y el individuo se condicionan recíprocamente.  Por el respeto a la justicia medimos la civilización en la primera; por la austeridad en el deber valoramos la moralidad del segundo.  La fórmula de la justicia social es garantizar al hombre todos sus derechos; la fórmula de la dignidad individual es cumplir todos los deberes correspondientes.  Los pueblos nuevos como Chile, persiguen ese equilibrio ideal.  Quien siempre habla de nuestros derechos, sin recordarnos nuestros deberes traiciona a la justicia; pero mancilla nuestra dignidad, quien predica deberes que no son la consecuencia natural de los derechos efectivamente ejercitados.

 

"El rango solo es justo como sanción al mérito".

 

En efecto, en Carabineros el rango debiera ser filosóficamente justo, como sanción del mérito. No van siempre juntos, ni guardan armónica proporción, menos en organizaciones militarizadas y jerarquizadas.

 

El rango se recibe, es adventicio y su valor fluctúa con la opinión de los demás, como las acciones de la bolsa, pues necesita la convergencia de sanciones sociales que le son extrínsecas; el mérito se conquista, vale por sí mismo y nada puede amenguarlo, porque es una síntesis de virtudes individuales intrínsecas.

 

Una madre no es madre porque pare a un hijo, si no hasta cuando este hijo es un adulto honesto que hace el bien a la sociedad.  Cuanto mayor es la inmoralidad social, más grande es su divorcio; el mérito sigue siendo afirmación de aisladas excelencias, el rango se convierte en premio a la complicidad en el mal.

 

Los jóvenes funcionarios que olvidan estos distingos viven geniflexos, rindiendo homenaje al rango ajeno para avanzar el propio; empampanándose de cargos y de títulos medran más que resistiendo con firmeza la tentación de la domesticidad.  Cegados por bastos apetitos llegan a creer, al fin, que los funcionarios de más bulto son los hombres de mayor mérito y se encumbran a medirlos por el número de favores que pueden dispensar.  El aumento de los delincuentes así lo dice.

 

En mérito está en ser y no en parecer, en la cosa y no en la sombra.  Construir una doctrina, arar un campo, crear una industria, escribir un poema, son obras cuajadas de méritos, nimban de luz la frente y en ella encienden una chispa de personalidad: nebulosa, astro, estrella.

 

El mérito del pensador, del sabio, del energeta, del artista, es el mismo en la cumbre o en el llano, en la gloria o en la adversidad, en la opulencia y en la miseria.  Puede variar el rango que los demás le conceden, pero si es mérito verdadero sobrevive a quienes lo otorgan o niegan, y crece, y crece, prolongándose hacia la posteridad, que es la menos injusta de las injusticias colectivas.

 

La servidumbre moral es el precio del rango injusto.  En las generaciones sin ideales, se advierte una sorda confabulación de mediocridades contra el mérito.  Todos los incapaces de crear su propio destino conjugan sus impotencias y las condensan en una moral burocrática que infecta a la sociedad entera.  Los hombres aspiran a ser medidos por su rango de funcionarios; el culto cuantitativo de la actitud suplanta el respeto cualitativo de la aptitud.

 

Cuando el mal es hondo, como ocurre en el fracaso de la lucha antidelincuancia y el crecimiento de la inseguridad ciudadana, adquiere esta inmoralidad estructura de sistema, los individuos se miden entre sí según sus jerarquías, como fichas de valor diverso en una mesa de juegos.

 

El hábito de ver tasar a los demás por los títulos que  ostentan, despierta en todos un obsesivo anhelo de poseerlos y hace olvidar que el Estado puede usar en su provecho la competencia individual, pero no puede conferirla a quien carece de ella.  Se distrae en beneficio propio, en perjuicio del país.

 

En el engranaje de la burocracia, no es necesariamente el mejor economista el catedrático universitario, ni mejor astrónomo el director del observatorio, ni historiador el archivero, ni escritor el secretario, como hemos visto, tampoco es fuerza obligada que sea estadista el gobernante.

 

Las más de estas personas respetadas por su rango, ruedan al anonimato el mismo día en que lo pierden; en esa hora se mide la vanidad de su destino por el empeño que sus serviles domésticos alaban a los nuevos amos que los sustituyen.

 

El hombre que se postra ante el rango de fetiches pomposos, logra hacer carrera en el mundo convencional a que sacrifica su personalidad; lo merece, su destino es frecuentar antesalas para mendigar favores, perfeccionando en protocolos serviles su condición de siervo, obnubilado en la apariencia de los demás.

 

Desdeñen las nuevas generaciones de policías esos falsos valores creados por la complicidad con la ignorancia y en el hartazgo.  Burlándose de ellos, el hombre libre es un amo natural de todos los necios que lo admiran.  Respetando la virtud y el mérito, antes que el rango y la influencia, aprenderán los jóvenes a emanciparse de la servidumbre moral y dedicarán más tiempo y sus mejores esfuerzos en la producción fundacional.  La prevención y el control de la delincuencia.

 

 

El mérito puede medirse por las resistencias que provoca.  Toda afirmación de la personalidad suscita un erizamiento de nulidades; los jóvenes que alienten ideales deben conocer esos peligros y estar dispuestos a vencerlos.  En el campo de la acción y del arte, del pensamiento y del trabajo el mérito vive rodeado de adversarios; la falta de éstos es inapelable testimonio de insignificancia.

 

Aspero es todo sendero que se asciende sin cómplices; los que no pueden seguirlo conspiran contra el que avanza, como si el mérito ofendiera por el simple hecho de existir.  La rebeldía de los caracteres firmes humilla a los que se adaptan con blandura de molusco; la originalidad de los artistas que crean subleva a los académicos cautelosos; el verbo nuevo de los sabios desconcierta a los glosadores de la ruina común.  Todos los que se han detenido son enemigos naturales de los que siguen andando.

 

Sobresalir es incomodar; las medianías se creen insuperables y no se resignan a celebrar el mérito de quien las desengaña.  Admirar a otros es un suplicio para los que en vano desean ser admirados.  Toda personalidad eminente mortifica la vanidad de sus colegas y contemporáneos y los inclina a la venganza.

 

El anhelo de acrecentar los propios méritos obliga a vivir en guardia contra infinitos enemigos imperceptibles; de cada inferioridad humillada manan sutiles ponzoñas, de cada‚ mulo rezagado parte una flecha traidora.  Los jóvenes que sueñan una partícula de gloria deben saber que en su lid sin término solo tienen por arma sus obras; el mérito está en ellas y triunfa siempre a través del tiempo, pues la envidia misma muere con el hombre que la provoca.  Por eso tener ideales es vivir pensando en el futuro, sin acomodarse al azar de la hora presente; para adelantarse a ésta es menester vivir desorbitados, pues quien se entrega a la masa, envejece y muere con ella.  Si el mérito culmina en creaciones geniales, ellas son de todos los tiempos y para todos los pueblos

 

"Valorizando el tiempo se intensifica la vida".  Cada hora, cada minuto, debe ser sabiamente aprovechado en el trabajo o en la distracción del placer y del descanso.  Vivir con intensidad no significa extenuarse en el sacrificio ni refinarse en la disipación, sino realizar un equilibrio entre el empleo útil de todas las aptitudes y la satisfacción deleitosa de todas las inclinaciones personales.  La juventud que no sabe trabajar es tan desgraciada como la que no sabe divertirse.

 

Todo instante perdido lo está para siempre; el tiempo es lo único irreparable y por el valor que le atribuyen puede medirse el mérito de los hombres.  Los perezosos, indolentes, gandules, y desidiosos viven hastiados y se desesperan no hallando entretenimiento para sus días interminables; los activos no se tedian nunca y saben ingeniarse para centuplicar los minutos de cada hora.  Mientras el flojo no tiene tiempo para hacer cosa alguna de provecho, al laborioso le sobra para todo lo que se propone realizar

 

El estéril no comprende cuando ni como trabaja el fecundo, ni adivina el ignorante cuando estudia el sabio.  Y es sencillo: trabajan y estudian siempre, por hábito, sin esfuerzo.  Descansan de ejecutar, pensando; descansan de pensar, ejecutando.  Al conversar aprenden lo que otros saben; al reír de otros aprenden a no equivocarse como ellos.  Aprenden siempre, aun cuando parece que pararan, porque de toda actividad propia o ajena, es posible sacar una enseñanza y ello permite obrar con más eficacia, pues tanto puede el hombre cuanto sabe.

 

El tiempo es el valor de ley más alta dada la escasa duración de la vida humana.  Perderlo es dejar de vivir.  Por eso cuanto mayor es el mérito de un hombre, más precioso es su tiempo; ningún regalo puede hacer más generoso que un día, una hora, un minuto.  Quitárselo, es robar el tesoro; gran desdicha es que lo ignoren los holgazanes.

 

"Cada actividad es un descanso de otras.  El organismo humano es capaz de múltiples trabajos que exigen atención y voluntad; la fatiga producida por cada uno de ellos puede repararse con la simple variación del ejercicio.

 

Solamente el conjunto de fatigas parciales produce una fatiga total que exige el reposo completo de las actividades conscientes: el sueño.

 

No necesita el hombre permanecer inactivo, mientras esté despierto.  Del trabajo muscular se descansa por el ejercicio intelectual; de las tareas de oficina con un poco de gimnasia; de las faenas rudas, por la delectación artística; de la actividad sedentaria, por los deportes o simplemente caminar.  Es innecesario reparar una fatiga parcial con un reposo total, renunciando a otras actividades independientes de esa fatiga; el sentimiento de pereza y el hábito de la holgazanería son insuficiencias vitales muy próximas a la enfermedad.

 

El hombre solo tiene conciencia de vivir su vida durante la actividad voluntaria y en rigor nadie vive más tiempo del que ha vivido conscientemente; las horas de pasividad no forman parte de la existencia moral.  Nada hay, por eso, que iguale al valor del tiempo.  El dinero mismo no puede comparársele, pues éste vuelve y aquél no; en una vida se pueden rehacer diez fortunas, pero con diez fortunas no se puede recomenzar una vida.  La pasividad es la madre de todos los vicios.

 

Cada hora es digna de ser vivida con plenitud; cada día el hombre debiera preguntarse si ha ensanchado su experiencia, perfeccionado sus costumbres, satisfecho sus inclinaciones, servido sus ideales.  Estacionarse mientras todo anda, equivale a desandar camino.  La pasividad, en los jóvenes, es signo de prematuro (antes que maduro) envejecimiento.

 

Aprovechando el tiempo se multiplica la dicha de vivir y se aprende que las virtudes son más fáciles que los vicios; aquellas son un perfeccionamiento de las funciones naturales y estos son aberraciones que la desnaturalizan.

 

"La acción fecunda exige continuidad en el esfuerzo".  Toda actividad debe tener un propósito consciente: no hacer nada sin saber para qué, ni empezar obra alguna sin estar decidido a concluirla.  Solo llega a puerto el navegante que tan seguro está de su brújula como de la vela.

 

La brevedad de vivir impide realizar empresas grandes a los que no saben disciplinar su actividad.  Descontando la adolescencia y la vejez, no llega a durar cincuenta años la vida viril fecunda; de ese libro que tiene escasas cinco docena de hojas, el tiempo arranca una cada año.  A menos que se renuncia a hacer cosas duraderas, conviene regatear los minutos, pues las obras persisten en relación al tiempo empleado en pensarlas y construirlas.  Los jóvenes que se fijan un derrotero debe reflexionar sobre la angustia del plazo; hay que empezar temprano, jamás holgar, no morir pronto.

 

Con eso, y mediando las aptitudes que "Salamanca no presta", pueden realizarse empresas dignas de sobrevivir a su autor.

 

Los tipos representativos de la humanidad han sido hombres y mujeres que han sabido contar sus minutos con tanto escrúpulo como el avaro su dinero.  Todo el que persigue una finalidad vive con la obsesión de morir sin haberla alcanzado; pocos logran su objeto, siendo toda vida corta y largo todo arte.  Pero al llegar la edad en que las fuerzas fallan solo pueden esperar serenamente la muerte, los que aprovecharon bien el tiempo; si no alcanzaron su ideal en la medida que se proponían, les satisface la certidumbre de que, con medios iguales, hubiera sido imposible acercarse más.

 

"Hay estilo en toda forma que expresa con lealtad un pensamiento".  Las artes son combinaciones de gestos destinados a objetivar adecuadamente los modos de pensar o de sentir; cuando la forma expresa lo que debe y nada más que ello, tiene estilo propio.  No basta, en arte alguno, poseer concepciones originales; es necesario encontrar la estructura formal que fielmente las interprete.

 

Todo ritmo de pensamiento humano que alcanza expresión adecuada crea un estilo.  Cada característica intelectual, de un pueblo, de una empresa, de una institución de una época, es sentida con más intensidad por hombres originales que le dan forma y renuevan la técnica de la expresión y de la función; en torno a ellos los imitadores y continuistas se multiplican y forman escuela; que también puede ser una escuela de secuencias erróneas o degradantes, hasta que la sociedad siente su influencia, adapta a ella su gusto y surge una moda.  Seguir una escuela de no tener estilo personal, es por ello peligroso socialmente seguir tendencias quietistas o equivocadas, entregarse a una moda es el método más eficaz para carecer de originalidad.  En cualquier arte, en cualquier función humana, solo puede adquirir estilo propio quien repudia escuelas y desdeña modas, pues unas y otras tienden a poner marcos prestados a las inclinaciones naturales y a las necesidades sociales.

 

No se adquiere estilo glosando la forma ajena para expresar las ideas propias, ni torciendo la expresión propia para adular los sentimientos ajenos.

 

Estilo es afirmación de personalidad; el que combina palabras, colores, sonidos, líneas gestos o actitudes para expresar lo que no siente o no cree, carece de estilo, no puede tenerlo.  Cuando el pensamiento no es íntimo y sincero la expresión es fría y amanerada; se rumian formas ya conocidas, se retuercen, se alambican, procurando en vano suplir la ausente virilidad creadora con estériles artificios.

 

El arte de escribir, el más común en Carabineros, particularmente carece de excelencia mientras se preocupa de acariciar el oído o de engañar la razón con sofísticas oblicuas con mentiras o con doctrinas absoletas y comprobadamente insuficientes para las necesidades de la sociedad.  Una máxima de Epicteto, desnuda, sin adverbios pomposos ni adjetivos sibilinos, tiene estilo y deja una impresión de serena belleza incluso de heroísmo, nunca igualado por los retorcidos discursos que abundan en esta época de mal gusto; sobra, en la simple sentencia, la adecuación inequívoca de la forma al contenido, realizando una armonía que nunca alcanzan las prosas torturadas para disimular la oquedad.

 

El más noble estilo es el que transparenta ideales hondamente sentidos y los expresa en forma contagiosa, capaz de transmitir a otros el propio entusiasmo por algo que embellece la vida humana: salud moral, firmeza de querer, y serenidad optimista.

 

"La corrección preceptiva es la negación del estilo original".  En todas las artes el tiempo acumula reglas técnicas que constituyen su gramática y permiten evitar las más frecuentes incorrecciones de la expresión y del funcionamiento; cualquier hombre de inteligencia mediana puede aprenderlas y aplicarlas, sin que por ello adquiera capacidad de expresar en forma propia su pensamiento.  A nadie dan estilo las estéticas ni las retóricas que reglamentan la expresión, haciéndola tanto más impersonal cuanto más perfecta, esta situación conspira contra el caudillismo de los sistemas militarizados.

 

Los modelos y los cánones solo enseñan a expresarse correctamente, sin que la corrección sea estilo.  Las academias y las escuelas son almácigos de mediocridades distinguidas y oponen firmes obstáculos al florecer de los temperamentos innovadores.

 

La adquisición de un estilo personal suele comenzar cuando se violan cánones convencionales del pensamiento, del comportamiento y de la expresión.

 

En cada arte o género y en cada actividad humana existen normas de corrección, que son doblemente rigurosas para quien las aplica, pero no hay arquetipos de estilo, pues todo nuevo pensar requiere una nueva expresión; las formas que el tiempo ha consagrado como clásicas e indestructibles, fueron en su origen rebeldías contra las de las épocas precedentes.  Hablar de estilo, en si, es abstraer de todos los estilos individuales su común carácter de creación, omitiendo las diferencias que tipifican a cada uno y sin las cuales ninguno existiría.  El estilo es lo individual, lo que no se aprende de otros, lo que permite reconocer al autor en la obra sin necesidad de que la firme.  Por eso hay tanto estilo en la expresión de un artista como carácter en su personalidad; y siendo síntesis de su mente toda, vibrante  en la expresión integral, no puede ser forma sin ser antes pensamiento, por ello que es importante pensar, pensar en el bien, en el bien de la sociedad mayoritaria sin perjudicar a las minorías.

 

Lo militarista es igualitario, por tanto es lo opuesto a la diferencia que implica un estilo o forma de ser.

 

La técnica correcta es una cualidad que embellece la obra, como la ormentación al monumento, sin que por eso tenga valor propio fuera de la obra misma.  La corrección es anónima, no eleva aunque impide descender; rara vez requiere verdadero talento.  Un ejercicio suficiente permite escribir al más ágil, dibujar o construir con corrección; en un adiestramiento físico y para él no se requiere más ingenio que para poner diez centros seguidos tirando al blanco.

 

Muchos profesores eximios (no ex- simios) conocen las intimidades de la preceptiva y poseen la técnica correcta de su arte; son, sin embargo, banales prosistas, pintores o músicos, sin personalidad y sin estilo, por falta de ideas y sentimiento originales.  En cambio, sin corrección técnica, suelen resultar admirables las formas en que dicen un Dante o un Pascal, porque su estilo expresa una nueva orientación de ideas o de sentimientos, imposibles de remedar con mosaicos de palabras.

 

¿Qué sacan los Carabineros y preferentemente sus autoridades superiores, de tener tantos títulos, diplomas y honores; másteres, posgrados y doctorados; tantos supuestos conocimientos legales, técnicos y procesales, si van perdiendo por goleada en su partido contra la delincuencia?; y lo que es peor, no los aplican en beneficio de la sociedad y solo sirven para aumentar sus ingresos personales; ¿Qué sacan con disponer de inmensos salones, pinacotecas, los mejores atriles, la mayor variedad de pinturas, pinceles, aerógrafos, scáners computarizados y la más alta tecnología, si el cuadro que quieren pintar, resulta incomprensible para la sociedad?; es más, la sociedad se ha visto en la necesidad, y prefiere contratar a un pintor de brocha gorda, para que le pinte la casa o la empresa, en el mercado más cautivo de la economía nacional, la seguridad privada.

 

"La originalidad se revela en todas las formas de expresión".  Es raro que un hombre de genio culmine excelentemente en varias artes o géneros; pero si lo hace como Leonardo o Goethe, lo mismo tendrá estilo en la pintura y en la poesía en la novela y en la ciencia.

 

Pondrá su marca en todo lo que pase por sus manos, pensando lo más hondo, expresando lo más justo.  Es común, sin embargo, que se circunscriba a un arte o género, acentuando su estilo en una forma única de expresión.

 

A las dos grandes categorías mentales, la apolínea (Cristo no está hecho a semejanza del hombre) y la dionisíaca, (perteneciente al Dios Baco), corresponden dos tipos de estilo, dos idiomas diferentes, rara vez armonizados en un mismo pensador.  El uno es lógico y habla de la inteligencia; el otro es afectivo y habla del sentimiento.  Tal como el Quijote y Sancho, la misma historia con un distinto punto de vista o estilo.

 

El estilo que anhela expresar la VERDAD se estima por su valor lógico; su claridad es transparente, sus términos precisos, su estructura crítica; es el estilo que falta en Carabineros, ya que es el lenguaje de las ciencias.

 

Por su valor estético es eficaz el estilo que expresa su belleza; su fuerza es emocional; figurados sus términos, lírica su estructura.  Es el lenguaje de las artes.

 

Es raro que los valores lógicos y los valores estéticos culminen igualmente en un estilo.  A la concepción general de altos problemas suele llegarse por un solo camino; difícilmente el esteta aprende a interpretar la belleza en consonancia con la VERDAD, y es lógico, rara vez consigue caldear la VERDAD con el fuego de la belleza.  Es por ello que en Carabineros están tan preocupados de la estética, del protocolo, la parafernalia, (para hacer, es el medio que se utiliza para algo lograr), la presentación, los gestos y ademanes, los desfiles y las representaciones.

 

Acaso una educación especial permitiera desenvolver con paralela intensidad las aptitudes críticas y las imaginativas; pero los que en su juventud lo consiguieron, acaban prefiriendo un camino, el del arte o el de la ciencia, acentuando en su expresión las características del estilo estético o del lógico... Honestamente, el lector ¿cuál estilo cree que predomina en Carabineros?.

 

Una verdad expresada en teoremas puede ser comprendida por toda la inteligencia educada, pero mejor se comprendería si vistiera formas embellecidas de armonía y acaloradas de entusiasmo. Sensible es que la brevedad del humano vivir sea obstáculo a la formación de un estilo integral en que se combinen los más altos valores lógicos y estéticos, la verdad más diáfana con la más emocionante belleza.

 

La perfección ideal del estilo, en todas las artes, en todas las formas de vida humana, consiste en adecuar la expresión al pensamiento de tan manera que la transparencia de las ideas no sea empañada cuando la subraye el latir del corazón.

 

"No hay bondad sin tensión activa hacia la virtud".  La disciplina mansa, la condescendencia pasiva, la sumisión resignada, son simples formas de incapacidad para el mal, el hipócrita que obra bien por simple miedo a la coerción social es peor que el malo desembozado, pues sin librarse de su maldad la complica de cobardía.  Ese conformismo negativo, tan presente en Carabineros de Chile a contar de 1.973, suele dar a sus hombres el bienestar de la servidumbre; solo virtudes pasivas, militantes, pueden decrecer la propia felicidad y multiplicar la ajena.

 

Obediencia NO ES BONDAD. La excesiva domesticación paraliza en el hombre las más loables inclinaciones, cierra a la personalidad sus más originales posibilidades.  El respeto a los convencionalismos injustos corrompe la conciencia moral y convierte a cada uno en cómplice de todos. Los caracteres débiles acaban obrando mal por no contrariar la maldad de los demás.

 

Es perpetua lucha obrar bien entre malvados.  Sería fácil proceder conforme a la propia conciencia si la común hipocresía no conspirase contra el hombre recto, tentándole de cien maneras para conseguir su complicidad en el mal.  La mayor vigilancia es pequeña contra las redes invisibles tendidas en todas partes por lo intereses creados.

 

Es despreciable el juicio de los malos, aunque ellos sean los más.  El bueno es juez de sí mismo y se siente mejor cuanto más grande es la hostilidad que le rodea; sabe que cada gesto suyo es un reproche a los que no podrían imitarle.  Los hombres de conciencia turbia temen la amistad de los caracteres rectilíneos; huyen de ellos, como las alimañas de la luz.  La bondad activa reacciona sembrando tantos bienes que al fin los malos se avergüenzan de sí mismos.

 

"La bondad no es norma, sino acción".  Un acto bueno es moralidad viva (no es bueno ni es un acto si no es voluntario, por tanto NO remunerado) y vale más que cualquier agatología muerta (denuevo los dejé metidos).  El que obra bien traza un sendero que muchos pueden seguir; el que dice bien no puede encaminar a otros si obra mal.  La humanidad debe más a los mudos ejemplos de los santos hombres que a los sutiles razonamientos de los sofistas.

 

Si la bondad no está en la conducta y en los actos, sobra en las opiniones.  El hombre puede ser bueno sin el sostén de teorías filosóficas o de mandamientos religiosos; que son estériles patrañas en los doctores sin austeridad.  Ninguna confianza merece las buenas palabras de los que ejecutan malas acciones; solo puede prescribir celo moral a los demás el que renuncia a pedir indulgencia para sí mismo.

 

El hombre puede "abuenarse" adquiriendo hábitos que le orienten hacia alguna virtud; el largo camino sin desvíos ni término, hay que emprenderlo precozmente para acendrar (depurar) la personalidad, sembrando en la conciencia el pudor de las malas acciones.  El bueno se mejora al serlo, pues cada acto suyo marca una victoria sobre la tentación del mal; y mejora a los demás, educando con la inobjetable lógica del ejemplo.

 

Si generosa de favores ha sido con él la naturaleza, más obligado está el hombre a vivir de manera transparente; es justo que la exigencia del bien sea inflexible para con los que descuellan (elevan), porque su mal obrar tiene más grave trascendencia.

 

ATENCION: El que se encumbra está obligado a servir de modelo, sin que el exceso de ingenio pueda justificar la más leve infracción moral; cuanto más expectable es la posición de un hombre en la sociedad tanto más imperativos se tornan sus deberes para con ella.

 

"Donde disminuye la injusticia aumenta la bondad".  Hay hombres irremediablemente malos, la historia reciente de Carabineros de Chile, está plagada de esos malos ejemplos iban para buenos camuflándose en la manada, pero el 11 de septiembre de 1973 se les gatilló su gen "sof-3", felizmente son una ínfima minoría; los más, obran mal compelidos a ello por una supuesta injusticia de la sociedad.  El espectáculo de vicios reverenciados y de virtudes encarnecidas perturba la conciencia moral de la mayoría, haciéndole preferir el camino del rango al del mérito.

 

En una sociedad organizada sin justicia no resulta evidente que la conducta buena es de preferir siempre a la mala, pues lo refutan a menudo los beneficios inmediatos de la segunda.

 

Combatir la injusticia es la manera eficaz de capacitar a los hombres para el bien; ser bueno sería más fácil, y aun menos peligroso, cuando en todos los corazones vibrase la esperanza de que la bondad será alentada, no encontrando el mal atmósfera propicia.  Se puede entrenando, cultivar la bondad donde existe, lo que está haciendo este autor, sembrándola donde falta.  Aunque el resultado inmediato fuera ilusorio, el esfuerzo de cada uno para "abuenarse" podría disminuir los obstáculos que dificultan el advenimiento de una justicia cada vez menos imperfecta.  La ilusión misma es una fuerza moral y sentirse más bueno es mejorarse.

 

Con la bondad aumenta la propia dicha; el que no es bueno no puede creerse feliz, aunque de vez en cuando se ría  y utilice las compras compulsivas que le permiten la situación económica que le da la misma maldad como terapia.

 

Pero es necesaria la bondad de todos para que sea completa la felicidad de cada uno, pues el que soporta la maldad ajena, aunque no sea responsable directo de ella, está condenado a sacrificarle alguna parte de su dicha.  El problema individual de cada conducta está implícito en el de la ética social, en cuanto la bondad se desenvuelve en función de la justicia.

 

Cuando la policía comete actos injustos, aunque sean legales, está fuera la ética profesional y carece de la fuerza moral.

 

"La moralidad se renueva con la experiencia social".  No se ciñe a principios quiméricos que pudieran suponerse demostrados una vez para siempre, pues en cada tiempo y lugar se coordinan diversamente las relaciones entre los hombres.  Los criterios de obligación y sanción se vivifican sin cesar, regulando la adaptación del individuo a la sociedad y de ésta a la naturaleza, en un ritmo que varía a compás de la experiencia.

 

Una ética nueva no es una serie de normas originales, sino una nueva actitud frente a los problemas de la vida humana; determinar lo que puede hacer el hombre para su elevación moral, por cuáles medios, en qué medida, es más útil que teorizar sobre deberes imposibles y finalidades extrahumanas.

 

El eticismo afirma la preeminencia de los intereses morales en la vida social, prescindiendo de cualquier limitación tradicionalista o dogmática, pues la ética es un proceso activo que crea valores adecuados a cada ambiente en cada momento.  Ningún viejo catálogo de moralidad contiene preceptos universales o inmutables; sus cuerpos de mandamientos y sus sistemas de doctrinas solo expresan el interés de castas que pretenderán prolongar su influjo en el tiempo o dilatarlo en el espacio.  Síndrome que afecta a los Oficiales de Carabineros a contar de los 20 años de antigüedad.

 

El sentimiento de una obligación moral no es categoría lógica ni mandamiento divino, existe como producto de la convivencia y engendra sanciones efectivas en la conciencia social.  La vida en común exige la aceptación del deber por cada individuo y el respeto de los derechos por toda la sociedad; en la medida en que se armonizan lo individual y lo social, condicionándoseles recíprocamente la solidaridad reemplaza al antagonismo y la cooperación a la lucha, que es exactamente lo que le falta a la economía de libre mercado para transformarse en economía social de mercado.

 

En toda realidad social, según su coeficiente de experiencia, se elaboran ideales éticos que son hipótesis de futura perfección y difieren sin cesar de los que han servido en sociedades ya decaídas.  Las experiencias de los pueblos europeos son valederas en Chile como punto de referencia solo, no se pueden aplicar tajantemente, no debería un europeo entonces venir a dirigir nuestros comportamientos sociales, solo a explicar como se comportan ellos.  Lo mismo pasa en Carabineros, es imposible que su mismo personal sobre todo el más antiguo detecte sus errores y defectos, simplemente porque él es parte de ellos, de los defectos; está contaminado y comprometido.

 

Cada era, cada raza, cada generación, concibe diversamente las condiciones de la vida social y renueva en consecuencia los valores morales, por tanto la formación capacitación y perfeccionamiento de los futuros Oficiales policiales será externa totalmente, tanto los planes y programas, la malla curricular y los docentes, incluso la mayoría de las clase se realizarán en establecimientos universitarios y técnicos, conjuntamente y mezclados con estudiantes civiles.  En la actualidad los formadores e instructores son seleccionados precisamente por ser y constituir verdaderos discípulos continuistas de los errores morales y legales cada vez más frecuentes, siendo seleccionados por valores subjetivos, como la presentación personal, la talla, las notas brujas, las vinculaciones familiares, etc. etc., todo lo que se contradice con la capacidad operativo-profesional misma.

 

"Los dogmas son obstáculos al perfeccionamiento moral".  Los hombres de cada época adaptan su personalidad a relaciones sociales que incesantemente se renuevan.  Asisten primero a la formación del bien en mal, porque es lo más fácil, luego el mal en bien, porque es lo más difícil; la moralidad y la inmoralidad son muy distintas en la Ilíada, en la Biblia y en el Corán.  Frente a esta inestable realidad, es absurdo concebir la permanencia de dogmas abstractos que se pretendan eternos y absolutos.

 

Los intereses morales de la humanidad son hoy muy diversos de los que inspiraron las éticas clásicas, compuestas de cánones muertos cuya función normativa se ha extinguido con el tiempo. Hoy no es ayer, ni mañana será hoy; no es admisible para un individuo culto e inteligente, que fórmulas legítimas en algún momento del pasado puedan considerarse intransmutables en todo el infinito porvenir, incluso, en Chile lo que pareció ético entre 1973 y 1990, es exactamente lo contrario hoy el año 2.000.  Los dogmáticos tradicionales son grillos que en vano pretenden paralizar la eterna renovación de los deberes y de los derechos.

 

La moralidad es SAVIA VERDE que circula en las sociedades, condicionando la actividad recíproca de los individuos, sin cristalizarse en formularios, ni ajustarse a sentencias que limitan su devenir.  El arquetipo ideal de conducta se integra a través de experiencias inagotables que transmutan los juicios de valor, fundando la obligación y la sanción en cimientos adecuados a la cultura de cada sociedad.

 

No se piense por esto, que renovar los valores morales implica arrevesarlos, considerando bien todo lo que antes fuera mal y viceversa; tan desatinada interpretación, que intimida a los mismos tradicionalistas que la inventan, solo denuncia incomprensión, no siempre involuntaria.  Es esta la raíz del totalitarismo a través de cauces obsesivos.

 

Podar un árbol no es abatirlo ni cortar sus raíces; si no despojarlo del seco ramaje que floreció en la estación anterior y ya estorba a su retoñar en la siguiente.

 

Cada revisión de valores equivale a una poda del árbol de la experiencia moral, duradero como la humanidad, pero cambiante como las sociedades humana.

 

"En cada renovación aparecen gérmenes de nueva moralidad".  De tiempo en tiempo el contenido de la realidad social rompe los moldes formales de las instituciones, como la granada madura agrieta su corteza y muestra sus granos vitales por la roja herida, en esta situación se encuentra hoy 27 de abril de año 2000 Carabineros de Chile.  Al transformarse las relaciones entre los individuos y su sociedad, va acentuándose la ineficacia normativa de la moral precedente y se produce una decadencia.  Es vano esperar que ésta pueda remediarse apuntalando los preceptos que la engendraron.  Los hombres nunca descubrieron en el pasado antídotos eficaces contra los males presentes; las normas viejas no pueden regular las funciones de la vida nueva.

 

Cada hombre joven debe buscar en torno suyo los elementos de renovación que incesantemente germinan, cultivándolos en sí mismos, alentándolos en los demás.  La voluntad de vivir en continua ascensión y la energía para perseverar en el esfuerzo, exigen confianza en la dignidad propia y en la justicia social; quien logra fiar en ellas no necesita apoyarse en dogmatismos providenciales ni en preceptivas metafísicas.

 

La juventud es, de todas, la fuerza renovadora más digna de confianza; los hombres maduros son árboles torcidos que difícilmente se enderezan y los ancianos no podrían destorcerse sin morir.  Cada nueva generación contiene gérmenes de perfeccionamiento moral; guay (­Ay!) de los pueblos en que los viejos logren ahogar en la juventud los ideales y rebeldías que son presagio de renovación ulterior.  Los que afirman la peremnidad del orden moral presente, conspiran contra su posible perfeccionamiento futuro.

 

"La creencias colectivas se idealizan en función de la cultura".  En forma directamente proporcional, más ignorante, más idealismo, más fanatismo, más obsesión.

 

La honda emoción del hombre ante los misterios de la naturaleza dio origen a sentimientos religiosos, más tarde puestos al servicio del legítimo anhelo de la perfección moral; aquella emoción y este anhelo, consolidados en muchos milenios de experiencia, parecen destinados a persistir en la humanidad, aunque  variando de contenido y de forma.  A medida que aumenta la cultura se plasman y extinguen los mitos, nacen, mueren dogmas, se organizan y disgregan iglesias.  La emoción ante el misterio aspira a depurarse de su contenido supersticioso, el anhelo de perfección moral se eleva a voluntad de ser mejor y de vivir entre hombres mejores; el sentimiento religioso, al idealizarse, conviértese en puro amor, en pura idolatría al deber, a la justicia, a la belleza, a la verdad.

 

Convirtiendo en función colectiva ese sentimiento, organizándolo, las religiones han tenido en su comienzo un fin ético y han sido fuerzas eficientes de cohesión social, sin que a ello fuera obstáculo sus inevitables quimeras, debidas a la falsa explicación de lo desconocido por lo sobrenatural.

 

Solo más tarde, al constituirse en iglesias y ejercitar un poder temporal, han adquirido una estructura política y antepuesto los intereses materiales al fervor sentimental de sus orígenes. Al misticismo, rebeldía que afiebra las horas iniciales, ha seguido en las religiones el dogmatismo, osificación que apuntaba intereses creados.  Mientras los apóstoles creen recibir revelaciones y las narran en sus textos, los teólogos razonan para interpretar lo que no siempre creen y adaptarlo a las conveniencias de sus iglesias.

 

Frente a las religiones que envejecen y se materializan, el sentimiento místico sigue engendrando subjetivas herejías, que puede el tiempo convertir en nuevas religiones; las actuales han sido heréticas (herejes) de las precedentes el cristianismo, del judaísmo, el protestantismo del catolicismo, el unitarismo, del protestantismo etc.  etc..  En cada tiempo y lugar la herejía de los místicos ha sido un factor de progreso moral, ora desacatando los dogmas de las iglesias decadentes, ora afirmando la posibilidad de orientar el sentimiento hacia ideales menos imperfectos.

 

En el devenir multisecular los pueblos se han apartado gradualmente de sus primitivas supersticiones, humanizando sus creencias y adaptando las condiciones sin cesar renovadas de la  vida social.  A esto responde que el Papa Juan Pablo II, diga ahora que el cielo y el infierno no existen, que son estados de sensaciones personales y más recientemente que reconoce que el catolicismo mandó a asesinar miles de personas para imponer sus ideas y que el Papa Pio XII, se confabulo con Adolf Hitler para exterminar al pueblo judío y muchas otras modificaciones a sus dogmas con el fin de hacerse más creíbles, dado al desmesurado avance de otras creencias en todo el mundo.

 

Los dogmas de las iglesias pueden considerarse tanto menos adecuados a los fines éticos cuanto más divino y sobrenatural se pretende su origen, pues el mejoramiento de la moralidad efectiva, solo es posible en los límites de lo humano y lo natural.

 

"La moralidad está en razón inversa de la superstición".  Las religiones más supersticiosas son las menos morales, pues más atienden a la materialidad de las ceremonias que al contenido ético de la conducta.  Lo mismo ocurre entre los adeptos de cada religión; la masa ignorante posee menos moralidad que las minorías cultas.

 

En todas las actividades sociales modernas de fines del siglo XX, el menos capaz, él con menos mérito, él más depresivo, recurre a la superstición que excluye la primacía moral; son valores antiéticos.  Demás está decir lo inconveniente que es para la sociedad toda la agrupación de estas personas que necesitan aferrarse a algo para poder tener una vida más o menos digna; pero es aun peor para ellos porque la experiencia ha demostrado que son víctimas fáciles de embaucadores, falsos profetas, iluminados y todo tipo de delincuentes, que hacen de esta situación de indefensión social su forma de vida, ya que como decíamos anteriormente, solo se persigue la materialidad, tanto de las víctimas, que pretender por este medio mejorarse socialmente, como del delincuente embaucador.

 

Como decíamos anteriormente en Carabineros como actividad profesional es donde más se nota la modificación de sus costumbres religiosas, donde la mayoría era Católico no participante o no activo, se han equilibrado en cantidad con los evangélicos, testigos de Jehová, mormones, y otros.

 

Los elementos naturales del sentimiento religioso son permanentes.  La emoción ante lo incomprendido suele sobrevivir a la pérdida de las creencias ancestrales, engendrando formas superiores de misticismo, desmaterializada supuestamente.

 

Un dulce éxtasis optimista puede embargar a los que contemplan las armonías siderales, a los que buscan el unísono entre la mente humana y el infinito que le rodea a los que ansían aumentar la felicidad entre los hombres.  Las formas estéticas, morales, metafísicas o sociales del misticismo, son transmutaciones superiores del sentimiento religioso, libres de superstición y de dogmas.

 

El valor ético de la religiosidad no ha sido privilegio de ninguna iglesia determinada y las más bellas virtudes humanas no fueron gracia particular de cualquiera de los dioses.  Todas las creencias, alguna vez, inspiraron nobles ejemplos de conducta, que constituyen un patrimonio moral común a toda la humanidad.

 

Los pueblos que veneran más dioses o los han venerado, no son los que practican o han practicado más virtudes.  Solo después de adorar, astros, animales, héroes, imágenes, aprende el hombre a elevar su veneración hasta ideales éticos.  Es por ello que los miembros de la FF.AA. en Chile y fundamentalmente en Carabineros, que es el caso que nos reúne, cuando estos hombres, veneran supuestos ídolos generados a la fuerza o por la ignorancia y falta de valor de los seguidores, es doblemente difícil que se eleven a venerar ideales éticos, en su reemplazo, es que caen embaucados por el afán de consuelo.

 

En todas las religiones la abundancia de ofrendas y la crueldad de los sacrificios es signo de superstición, no de moralidad, exactamente lo contrario; las iglesias que manejan las unas y reglamentan los otros, son empresas en que la administración de los intereses temporales ha relegado a segundo plano las finalidades éticas.

 

"La fe es pasión de servir a un ideal".  Es eterna y eternamente se renueva, porque no implica una creencia particular sino un estado de conciencia que puede coexistir con todas.  Es por ello que las religiones son totalitarias, absorsivas e intolerantes con las otras religiones, en la práctica es el temor a que se puedan esfumar sus "clientes".

 

Nos referimos a iglesia, como un conjunto de personas de cualquier credo; en Chile, es costumbre llamar iglesia a la capilla, el templo, la basílica, etc. lo que es un error.

 

Los que aman apasionadamente un ideal demuestran fe si lo predican con firmeza o lo defienden con heroísmo.  Es por ello, las procesiones y las prédicas públicas.

 

La fe de los místicos es una fuerza para la acción, pero no es un método para llegar al conocimiento de la verdad.  Un estado de ánimo que impulsa a creer apasionadamente es útil para obrar, pero como pasión SE PERTURBA EL JUICIO, excluye la crítica y cristaliza la creencia, no es instrumento adecuado para investigar, sobre todo porque la historia ha demostrado que las agrupaciones religiosas, como las agrupaciones gremiales o profesionales, benefician ostensiblemente el espíritu de cuerpo, siempre en perjuicio de la ética y la moral y por tanto en contra de la verdad.  Porque, además el hombre ancestralmente y en su instinto animal se agrupa por protección y para ir de caza, como depredador, nunca para beneficiar a otro, siempre para beneficiarse, no importando el medio.

 

Por muchos senderos puede marcharse con igual fe, aunque persiguiendo distintos objetivos.  No obra la fe de igual modo cuando adhiere a supersticiones muertas y cuando entusiasma por ideales vivos.  Su intensidad puede ser la misma al servicio de la verdad o del error, pero obviamente, no son iguales sus resultados; ora sostienen un pasado que se derrumba, ora construyen un porvenir que deviene.

 

El sentimiento religioso expurgado de las supersticiones ancestrales, podrá convertirse, en hombres más cultos, en una pura aspiración moral que no contradiga a las verdades de su tiempo; perfeccionándose en función de las experiencias, inspirará el deseo de obrar moralmente, dignificando la vida individual y social.

 

Llegara el momento en que los hombres mejores no busquen la complicidad de utilitarios dioses, acaso inventados para consuelo de las víctimas o para la justificación de los verdugos; la fe acentuará entonces, las fuerzas morales que le impongan buscar en la sabiduría las FUENTES insecables del deber y de la responsabilidad.

 

Y cuando un hábito de siglos les haga mirar a los alto, verán que un cóndor, el ideal, tiende sin cesar las alas hacia una estrella, sin alcanzarla nunca.

 

La fe sobrevivirá a todas las supersticiones, compeliendo al hombre hacia la perfección moral que es infinita.

 

Entonces, ¿Por qué Agnóstico?.

 

La fisiología es la ciencia de los fenómenos que ocurren entre los seres vivientes.  A pesar de su claridad esta definición, impone la necesidad de explicar los principales términos que contiene.

 

Procuremos, pues, dilucidar los siguientes puntos

 

1. -Qué es un fenómeno.

 

2. -Cuáles son los fenómenos que ocurren entre los seres vivientes

 

3. -Qué es una ciencia.

 

1. -Fenómeno, es toda apariencia o manifestación que está bajo los sentidos.  Pero ¿Qué es lo que cae bajo los sentidos? o mejor ¿qué podemos conocer por los sentidos?.

 

La naturaleza sobre la tierra se compone de cuerpos inanimados o brutos y seres vivientes.  Los cuerpos brutos están constituidos por materia, forma y energía, íntimamente unidas; así el hidrógeno, el oxígeno, el cabón, el fierro, la madera, el azúcar, el agua, etc. están compuestos no solo de materia sino que también de energía.

 

La materia es el elemento inerte; nos da la noción de extensión y la de cantidad o masa de los cuerpos.

 

La energía es el elemento activo de la naturaleza animada; nos da la noción de intensidad, pero no posee ni extensión ni masa.

 

La materia y la energía están sometidas a ciertas leyes, de las cuales la más importante es conocida con el nombre de: principio de conservación de la energía...:

 

"Nada se crea, nada se pierde".  Todo lo que pasa en la naturaleza, en la tierra y en los sistemas y galaxias más remotas, no es sino una mutación de materia y de energía.

 

Cuando 12 Grms. de carbono y 32 grms. de oxígeno se combinan para dar nacimiento a 44 grms. de ácido carbónico, la cantidad permanece la misma (44 grms), pero la energía contenida en esos dos cuerpos, hasta entonces latente y potencial, aparece, por lo menos, en parte bajo la forma de luz y calor y medida en el "calorímetro", da 97,6 calorías.

 

Aplicado a una cierta cantidad de agua líquida el calor da nacimiento a una fuerza, que separa las moléculas de aquella y la convierte en "vapor de agua".  Esta fuerza o tensión del vapor es transformada en ciertas máquinas (locomotivas, dinamos, etc,) sea en fuerza motriz, sea en electricidad, las cuales a su turno, pueden ser convertidas en calor, en luz, en magnetismo, etc. Las cosas suceden como si hubiera un agente único (la energía) que revistiera sucesivamente variados aspectos (formas de energía).

 

Estas formas de energía, nacen la una de la otra y pueden volver, sin pérdidas de intensidad, a su forma inicial.  Se dice que son equivalentes.

 

Esta disgresión nos ha permitido arrojar una mirada sobre los elementos de la naturaleza inanimada.

 

Volvamos ahora a la cuestión inicial: ¿Qué podemos conocer por los sentidos?; ¿Para qué nos sirven?.

 

Los sentidos nos ponen en relación con el mundo externo por medio de órganos especiales, formados todos ellos con arreglo a un tipo único...:

 

Una célula situada en la periferia; Una célula situada en el centro y células intermedias que las unen.

 

La célula periférica recibe la impresión que viene de afuera y la transforma en influjo nervioso, que las células intermedias transmiten a la célula central.

 

Estas consideraciones bastan para demostrar que los sentidos no pueden ser impresionados sino por la energía, porque solo la energía puede ser cambiada en influjo nervioso, que no es en suma sino una forma de energía y puede ser transmitida así de la periferia al centro.  La energía es pues, el objeto común de nuestros sentidos, según sea uno u otro el sentido que impresione, decimos que estamos en presencia de una u otra de sus formas.

 

Así percibida por la vista la energía es designada con el nombre de luz o energía óptica; percibida por el sentido térmico es llamada calor o energía térmica, y estas dos formas de la energía, calor y luz, por nombrar algunas de las más básicas, parecen no ser en realidad más de dos grados diferentes de intensidad de una sola misma especie de energía, la energía eléctrica.  El tacto percibe la fuerza de resistencia; el oído percibe el sonido que son la sensación producida por la variación en la presión de aire; el gusto y el olfato, en fin son estimulados por la energía química.

 

Los sentidos aplicados a los instrumentos modernos son los medios de que dispone en la actualidad el hombre para estudiar la naturaleza, ahora bien, la imperfección de tales medios es innegable.

 

Desde luego los sentidos no son impresionados por todas las formas de energía; no poseemos sentidos especiales para la electricidad, para el magnetismo, los cuales solo podemos percibirlos transformados en energía óptica, térmica o mecánica.

 

Las mismas nociones de la energía adquiridas directamente por los sentidos no son perfectas. Así, no podemos ver los objetos muy pequeños o muy alejados o bien aquellos que pasan muy rápidamente delante de nuestros ojos.

 

Por el sentido térmico no podemos percibir las diferencias de temperatura sino hasta cierto grado bajo la temperatura de nuestro cuerpo o sobre ella.  Del mismo modo el oído no es impresionado por toda vibración del aire a las que sobrepasan un determinado ritmo o frecuencia o no llegan a él.  El tacto nos da nociones muy poco precisas sobre la energía mecánica.  En fin, el gusto y el olfato son medios de análisis químicos muy rudimentarios.

 

Por lo demás el hombre trata de ensanchar artificialmente el campo de investigación de sus sentidos, El microscopio, el telescopio, el termómetro, el teléfono, el método gráfico no hacen sino ampliar un poco los límites de acción de los sentidos.

 

Acción y reacción- causa efecto: esta es la vida.

 

Pero si tenemos sentidos para percibir ciertas formas de la energía, con todos los avances que nos ha dado la tecnología, no tenemos ninguno que perciba la materia, la cual no podemos conocer sino indirectamente, debido a constituir a su propiedad de constituir el substratum de la energía y emitirla bajo las diversas formas sensibles: luz, calor, fuerza mecánica, etc...  Así yo no percibo la materia de ese papel, pero si las radiaciones ópticas que refleja, ni la materia de la madera del cortaplumas, sino la fuerza de resistencia que opone a mi mano.

 

Aun más, si bien, gracias a los sentidos percibimos directamente la existencia de la energía e indirectamente la existencia de la materia, la ESENCIA, de estos dos elementos de la naturaleza permanece para nosotros inaccesible.  No sabemos, ni sabremos jamas, que es la materia ni que es la energía.

 

Hemos dicho que fenómeno es aquello que cae bajo nuestros sentidos.  Podemos agregar ahora, que un fenómeno es un hecho, un acto que se desprende de la energía en forma capaz de impresionar a nuestros sentidos.

 

Los fenómenos de la materia inanimada son las mutaciones de energía y de materia de los cuerpos brutos, percibidas por nuestros sentidos.

 

Pero:  ¿Qué debemos entender por fenómenos vitales o fenómenos propios de los seres vivos?.

 

Todo ser viviente tiene un cuerpo compuesto de materia y de energía.

 

El análisis químico elemental nos muestra que este cuerpo está formado por un pequeño numero de elementos, entre los cuales, los más importantes son: el carbono, el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno, el azufre, el fósforo, el calcio, el magnesio y el fierro.

 

Estos elementos aparecen combinados en ciertas proporciones y forman una substancia compleja, el protoplasma y el bioplasma, que existe en todos los seres vivientes y que solo se encuentra en los seres vivientes.

 

El bioplasma constituye, por así decirlo, el substratum, de la vida, tal como la materia constituye el substratum de la energía.

 

Pero, así como un trozo de mármol no constituye una estatua, así una partícula aislada de protoplasma no constituye un ser viviente.

 

 

         En efecto, uno de los principales caracteres de los seres vivientes es la forma, y su elemento morfológico es la célula o plastina.  Para que el protoplasma pueda vivir, es menester que exista bajo la forma de célula.  Ciertos seres vivientes están formados de una sola célula, otros son pluricelulares y en este caso las células aparecen diferenciadas y reunidas para construir diversos órganos.

 

         Para que los fenómenos vitales puedan manifestarse en el ser vivo y en general en toda célula, deben ser colocados en un medio que llene ciertas condiciones, es decir, en un medio que contenga la materia y la energía bajo una cierta forma y en determinadas proporciones.

 

         Así el medio ambiente en que vive una célula debe contener ciertas substancias nitrogenadas, hidrocarbonadas, en la actualidad se les llama carbohidratos, grasas, minerales, debe contener agua y oxígeno y debe finalmente tener un determinado grado de temperatura, de luz y de presión.

 

         Cuando estas condiciones no se realizan la vida es imposible, un ser viviente colocado en un medio tal, muere.  Lo mismo le pasará a las organizaciones y a las actividades sociales, se iniciarán y acabarán bajo el mismo principio natural.

 

         A veces, sin embargo la vida persiste, pero no aparente (vida latente o potencial); privado de agua un grano de trigo puede permanecer inerte durante centenas de años, para enseguida manifestar su vida desde que encuentra condiciones favorables.

 

         En consecuencia, una organización especial y un medio conveniente son las condiciones indispensables para la manifestación de los fenómenos vitales.

         Cuando estas condiciones se realizan, la investigación de los sentidos, dirigida sobre un ser viviente, nos permite constatar los siguientes hechos...:

 

A.- Los seres dotados de vida, en presencia de las substancias químicas contenidas en el medio exterior (nitrogenadas, hidrocarbonadas, etc.) las liquidifican (vuelven líquidos), si son sólidas, las incorporan y las asimilan, es decir las transforman en substancias idénticas a las que entran en la constitución de su propio cuerpo.

 

Una parte de las substancias alimenticias es absorbida y almacenada en forma de reserva, destinada a ser aprovechada más tarde, la otra es elaborada y transformada en protoplasma.

 

Estos diversos actos que son designados bajo el nombre de funciones de nutrición, se observan con algunas variantes EN TODOS los seres vivos.

 

B.- Los seres vivientes son impresionados por la energía exterior.  Sometidos a la acción de la energía mecánica a radiaciones luminosas o calóricas de cierta intensidad, o bien a una corriente eléctrica, reaccionan por un movimiento, por un desprendimiento de calor, de luz, de electricidad, por una secreción glandular, y al mismo tiempo emiten al medio ambiente, ácido carbónico, agua y substancias nitrogenadas como la urea.

 

En otros términos, el ser viviente, bajo la influencia de diversas formas de energía exterior, pone en libertad, actualiza, una parte más o menos considerable de la energía contenida en su substancia.  Al mismo tiempo una parte de esa substancia se degrada, es decir, es transformada en otra substancia, cuya energía potencial es más débil y que, convertida en inútil, es eliminada.  Estos actos conocidos bajo el nombre de funciones de relación, se observan en todos los seres vivos.

 

Estos hechos, estas funciones de nutrición y de relación constituyen los fenómenos vitales.

 

Ahora bien, estos fenómenos vitales no son sino mutaciones de energía y de materia; son en  consecuencia idénticos en su esencia a los fenómenos de la naturaleza inanimada.

 

Pero difieren de ellos porque están coordinados y se producen en vista de un fin determinado; LA CONSERVACION DEL INDIVIDUO VIVO.

 

La idea de finalidad, de armonía, de adaptación de medios a un fin preciso, caracteriza los fenómenos vitales.

 

Por otra parte, esos fenómenos son generalmente designados con el nombre de función (functis, de fungi, cumplir, descargarse) palabra cuya significación etimológica es: cumplimiento de un cargo, de un fin de una obligación.

 

En las palabras precedentes he pretendido explicar lo más simplemente posible, los resultados de la observación del ser viviente, de todos los seres vivientes a través de la historia del hombre y su misma evolución, por algo, esta rama de las ciencias se llama Fisiología Filosófica, sustentada en parte por Darwin en la evolución de las especies.

 

Hemos llegado, espero así lo hayan entendido, a constatar que todos los actos morfológicos y todos sus fenómenos fisiológicos se realizan siempre en vista de un objetivo útil y que este carácter de finalidad constituye el rango distintivo de la vida.

 

Hemos hecho enseguida, el examen de las hipótesis que tienen la pretensión de explicar la vida y hemos mostrado que el "materialismo", como su complemento la "generación espontánea "y el auxiliar de esta, el "darwinismo", no son sistemas erróneos que nada tienen en común con la ciencia.

 

Pero no basta demoler; es preciso colocar al en el lugar de lo que se destruye.  Es lo que vamos a hacer ahora:

 

Lo que buscamos es descubrir la causa de la finalidad morfológica y fisiológica que existe en los seres vivos.

 

La finalidad vital debe evidentemente ser una causa, porque en la naturaleza, todo tiene su causa y toda causa tiene su efecto.

 

Ahora bien, la finalidad considerada en general, solo puede tener una de estas causas:

 

1. -O es efecto de una voluntad, es decir, de un agente que concibe el fin y dispone los medios para realizarlo.  Algo superior, por ejemplo un Dios, un Hacedor.

 

2. -O es efecto del azar, de la casualidad, es decir, de un conjunto de circunstancias cuyo encuentro y concurso no son requeridos y son espontáneos.  Teoría de Darwin.

 

Con todos los avances del hombre, aun no se descubre otras causas distintas a las anteriores.

 

¿A cuáles de estas dos categorías pertenece la causa de la finalidad vital?.

 

Una ligera referencia tenemos que hacerle a Darwin al tratar de la causa de la finalidad vital.

 

La negación brutal de las causas finales, muy sencillas para los químicos y físicos cuyos estudios se refieren únicamente al estudio de los cuerpos que llamamos brutos o puros y a los cadáveres, es decir a las cosas desprovistas de finalidad aparente e inmediata para los humanos - debería repugnar, sin embargo, NO a los naturalistas y científicos modernos, que a cada paso, encuentran medios coordinados y adaptados a sus fines

 

Pero para ciertos naturalistas, se trataba antes que todo de salvar el "dogma materialista"; era preciso que, -en la posibilidad de negar la finalidad biológica, incompatible con el dogma, se buscase como atenuar su importancia, haciendo creer a la gente, que en realidad los seres vivos no representan sino una apariencia de finalidad, que resulta de causas puramente mecánicas, que es en efecto el azar, de la casualidad.

 

La hipótesis darwinista respondía a la perfección, a ese desiderátum y tal es la explicación de su celebridad y del favor merecido que goza aun hoy entre los otros naturalistas.

 

La doctrina darwinista (transformista- evolucionista) pretende que los seres vivos, están sometidos a una especie de selección, que reconoce tres factores principales, - por decirlo así mecánicos, -a saber: la variabilidad, la herencia y la lucha por la existencia.

 

La variabilidad produce modificaciones en los caracteres de los seres vivos, modificaciones de toda clase, ya indiferentes o bien útiles o dañinas para el individuo.  Según Darwin la variabilidad puede producir su efecto en cualquiera de los caracteres del ser dotado de vida (microorganismo- planta – animales – hombre - insecto, etc.) en direcciones indeterminadas y es ilimitada.

 

La herencia o atavismo hace que los seres vivientes transmitan a sus descendientes las modificaciones de los caracteres adquiridos por la variadas y la mezcla.  Según Darwin, la herencia perpetúa indefinidamente toda modificación de cualquiera de los caracteres.  (El perro siempre seguirá siendo perro, por mucho que evolucione).

 

La lucha por la vida tiene por objeto la exterminación de los seres, que, a consecuencia de la variabilidad han sufrido modificaciones inútiles o dañinas, de sus caracteres; no deja subsistir y perpetuarse más que a los seres cuyos caracteres se han modificado en un sentido útil.

 

El resultado de la colaboración de estos tres factores es la formación de seres que han tenido una organización cada vez más complicadas, - en otros términos, la formación de especies que se transforman las unas en las otras remontando progresivamente en la escala biológica.

 

Pero hay más: Los seres vivientes, gracias a las modificaciones útiles que se acumulan (porque también las hay inútiles) poco a poco en el curso de los tiempos, - modificaciones producidas por la variabilidad, transmitidas por la herencia, escogidas y fijadas por la lucha por la vida (que elimina todo lo que es inútil)- llegan finalmente a no poseer más que caracteres útiles y de tal suerte todos los actos y todos los fenómenos de estos seres PARECEN realizarse con la mira de un fin inmanente.

 

La finalidad vital no es, pues, una finalidad propiamente dicha, es decir - concebida, ideada, querida, sino solamente una apariencia de finalidad debida a la CASUALIDAD, al AZAR.

 

Esta hipótesis, seguida por la mayoría de los científicos más avanzados, por los principales intelectuales, líderes políticos y artistas, capaz de explicar la admirable armonía que reina en el mundo viviente, - sin necesidad de recurrir a la intervención de causas finales.- fue recibida por los materialistas con un entusiasmo indescriptible, porque venía a salvar su sistema de la caída que lo amenazaba.

 

El alto valor de la teoría de la selección de Darwin, consiste, como todo el mundo lo reconoce, en que explica la finalidad de la naturaleza orgánica por medio de principios puramente materiales y sin el auxilio de ninguna teología.

 

A este carácter es al que debe la teoría de la descendencia el ser hoy día generalmente aceptada en el mundo intelectual.  (De Vries, Teoría de las Mutaciones I, 1.901, pg.139; ver también L. Errera. Darwinismo, 2da edic. Bruselas, Lamertin, 1.904,pg.77.)

 

En realidad, creer que el darwinismo explica de un modo totalmente mecánico la finalidad suprimiéndola así del mundo viviente, es una pura ilusión.  En efecto, la variabilidad de los caracteres y la herencia suponen la existencia previa de una organización primordial y de la reproducción cuya finalidad indiscutible permanece inexplicada.

 

La observación prolongada durante muchos años, constata que el hombre permanece hombre, el árbol, árbol; la encima, encima; la mosca, mosca; etc.- en otros términos, que las especies sí son fijas.

 

Darwin pretende por el contrario, que las especies no son fijas, que se transforman las unas en las otras.

 

Para que tal hipótesis pudiera ser admitida en la ciencia, sería preciso, ante todo, que fuera probada.

Ahora bien, al hacer el examen crítico del darwinismo, hemos demostrado que Darwin no presenta ningún hecho que demuestre de una manera evidente, la transformación ni siquiera de una especie actual.

 

Hemos establecido igualmente, con pruebas palpables que contrariamente a lo afirmado por Darwin, en la naturaleza no se produce la variabilidad ilimitada de cualquiera de los caracteres del ser viviente, ni la transmisión hereditaria definitiva de toda modificación adquirida.

 

Hemos, en fin probado que, sin la ayuda de esos factores, la lucha por la existencia no puede efectuar la selección natural.  Y en efecto, la observación seria de los hechos demuestra que la lucha por la vida impide la alteración y degradación del tipo específico y constituye la principal causa de la fijación de las especies, en lugar de serlo de su transformación.

 

La selección imaginada por Darwin, no existe en realidad.  En consecuencia la explicación mecánica de la finalidad vital, edificada sobre un cimiento ficticio, tiene un valor igual a cero.

 

La crítica del darwinismo que nos ha permitido arrojar esa doctrina fuera de la ciencia, nos ha dado pues, al mismo tiempo, una respuesta al problema que nos preocupa.

 

De esta discusión que ha demostrado el vacío de los esfuerzos de los darwinistas, se produce de una manera indiscutible que la finalidad vital no es un efecto de la casualidad del azar.  Y como una finalidad no puede ser sino, o fortuita o producto de una voluntad, no siendo lo primero, la finalidad vital debe ser querida.

 

En otros términos, la finalidad vital reconoce por causa un agente que ha concebido un fin morfológico y fisiológico del ser viviente y que coordina los medios para que llegue a ese fin

 

Ensayemos dar una noción precisa de lo que es un agente de la finalidad vital; noción que una lógica rigurosa impone a nuestro espíritu.

 

Para traer un poco de luz a una cuestión tan obscura, -y sobre todo para no extraviarnos por caminos extracientíficos, - tomemos como punto de partida los hechos observables, de cuyo terreno no podemos separarnos jamás.

 

1. - La observación muestra que la finalidad de cada ser le es propia o inmanente (de in: en; y manere, pertenecer, morar), es decir, que todo lo que pasa en el ser tiene su término en el mismo ser, que mira solo a su propia utilidad y no a la de los demás seres, de ésta es más o menos independiente y aún a veces está en conflicto con ella.  Los ecologistas se preocupan de la convivencia armónica entre los seres vivos y el medio ambiente, igual los ambientalistas y otros grupos naturalistas que van ampliándose rápidamente, los activistas, de momento son la minoría.

 

En consecuencia, cada ser viviente posee en sí mismo el agente de la finalidad vital, agente que designaremos con el nombre de "ALMA", nombre consagrado por el uso de todas las épocas.

 

2. - La observación muestra que los hechos vitales de cada ser forman un conjunto armonioso donde todo concuerda y nada se contradice; esto nos conduce a admitir que la finalidad biológica es el efecto de un agente único para cada individuo.

 

El testimonio de la conciencia del hombre alega por lo demás en el mismo sentido, al atribuir todos los actos y todos los fenómenos vitales a un "YO" único.

 

3. - El agente de la finalidad vital no cae bajo la esfera de los sentidos.  Y como nuestros sentidos son impresionados solo por la energía física, se deduce de esto que este agente difiere por su naturaleza, de la energía física.

 

A fortiori, (id nuevamente al diccionario), difiere de la materia que es inerte (que no es un agente) y que, siendo substratum de la energía la emite en sus diversas formas.  Hemos explicado que el agente de la finalidad vital no puede ser ni la materia, ni la energía (que constituyen el cuerpo del ser) porque esos elementos no implican el atributo de la finalidad.

 

Se expresa esto diciendo que el ALMA es inmaterial.  La energía, la materia y el alma son los tres elementos constitutivos de la naturaleza.  Ahora bien, siendo imperecederas la materia y la energía, en virtud de la ley "nada se pierde, todo se transforma", es inverosímil que el alma haga excepción a la ley común; de allí la conclusión: el alma es igualmente imperecedera.  Es lo que se expresa diciendo: "el alma es inmortal".

 

En cada ser viviente, existe entonces, un alma única inmaterial, causa de la finalidad vital.

 

La impotencia de la Doctrina Materialista y de sus complementos, la Generación Espontánea y el Darwinismo, para explicar la finalidad vital, nos ha conducido a admitir que en cada ser viviente existe un ALMA, única e inmaterial.

 

Debemos agregar que la existencia del alma puede igualmente ser demostrada por la vía de la hipótesis.

 

Pero para que nuestras conclusiones sean irreprochables, sigamos el único procedimiento que emplean los sabios cuando quieren remontarse de los efectos a las causas, pues, como modelo e imitemos como ejemplo, el método que han empleado los físicos cuando se trataba de descubrir la causa de la propagación de la luz.

 

Para explicar la propagación de la luz, es decir, para determinar su causa eficiente, los físicos compararon desde luego este fenómeno al movimiento, al transporte de una bala de cañón.  Llegaron a la conclusión de que la fuente luminosa emite, en todas las direcciones y en línea recta, pequeños proyectiles, partículas de un fluido sutil, la luz, proyectiles cuyas trayectorias forman los rayos luminosos.

 

Tal es la hipótesis conocida en física bajo el nombre de la Teoría de la Emisión.

 

Como era imposible verificar, por la prueba y con contra- prueba experimentales, los sabios se contentaron con poner esta hipótesis en confrontación con los hechos de observación y la admitieron en la ciencia porque explicaba todos esos hechos de una manera satisfactoria.

 

Así, según la hipótesis de la Emisión, la reflexión de la luz no sería sino el rebote de los proyectiles luminosos, cuando llegan a encontrar un obstáculo, una superficie resistente.  Lo mismo, la refracción de la luz sería algo análoga al cambio de dirección que sufre una bala que atraviesa medios de diversa densidad, que, por ejemplo, pasa oblicuamente del aire al agua.

 

La teoría de la emisión parecería estar definitivamente afirmada, cuando se percibió que no podía dar cuenta de cierto fenómenos, tales como las franjas luminosas y la difracción, fenómenos con los cuales está en desacuerdo.

Esto bastó como para que llegara a ser considerada como sospechosa y se buscase como reemplazarla.

 

Los físicos buscaron entonces otro término de comparación sobre cual poder basar el razonamiento por analogía y lo encontraron en lo que pasa cuando se arroja una piedra en el agua tranquila de un lago: ondas concéntricas recorren la superficie del agua alejándose más y más del centro representado por punto donde la piedra tocó el líquido.

 

Se sacó la conclusión de que la propagación de la luz en análoga a la propagación de estas ondas.

 

Pero la propagación de estas ondas en la superficie del agua reconoce como causa las vibraciones de las moléculas de este líquido.  ¿Qué es lo que vibra en el caso de la propagación de la luz?.

 

Sabemos que la luz atraviesa los cuerpos sólidos (el vidrio) y los gaseosos (el aire); pero no son solo las vibraciones de las moléculas de estos cuerpos las que se propagan, porque atraviesan igualmente el vacío experimental y el de los espacios interplanetario e intergaláctico.

 

Los físicos se vieron obligados a imaginar un agente especial, - el éter físico, - cuya vibración sería la causa de la propagación de la luz.

 

Los físicos han llegado aun a apreciar las propiedades o atributos del éter y he aquí como han procedido para ello.  Han comparado el éter del agua, y después del control experimental, relativos a los efectos sensibles de estos agentes, han afirmado o negado para el éter las principales propiedades físicas del agua.

 

De esta manera han sido llevados  admitir que el éter constituye un medio continuo que baña todos los cuerpos sólidos, líquidos y gaseosos y cada una de las moléculas y que además llena los espacios inteestelarios e intergalácticos y así mismo el vacío aéreo; que estén en medio es compuesto por moléculas capaces de vibrar, moléculas distintas a las de los cuerpos materiales, que es perfectamente elástico, que es imponderable y está uniformemente repartido en el universo.  Que no opone resistencia alguna al movimiento de los cuerpos celestes, en otros términos, que está desprovisto de densidad.

 

Tal es la hipótesis llamada de "la ondulación", hipótesis que explica todos los hechos de observación y que no está en contradicción con ninguno de ellos.

 

Sin embargo esta hipótesis no puede ser verificada directamente por la prueba y la contraprueba experimental.

 

Esto no ha impedido a los científicos investigadores, sabios y físicos introducirla en la ciencia y basar sobre ella la interpretación de los fenómenos de la naturaleza.

 

Para descubrir la causa de la propagaciónn de la luz y para definir el éter, los físicos han empleado el razonamiento por analogía, o más bien dicho, la hipótesis.

 

Apliquemos este método a la demostración de la existencia del alma; sigamos paso a paso el procedimiento de los hombres de ciencia; escojamos un término de comparación conveniente, un objeto que presente con el ser vivo, analogías reales cuya causa no sea conocida.  De esta causa podemos deducir la de la finalidad vital. -en la misma forma en que los físicos en que los físicos han deducido de la forma de propagación de las ondas del agua, el modo de la propagación de la luz.

Los materialistas han  comparado al ser viviente con los cuerpos brutos, con las piedras. Pero la piedra en nada se parece al ser vivo, en ella no hay rastros de finalidad morfológica o fisiológica, - y menos aun de conciencia.  La conclusión que han derivado, - por medio del razonamiento de analogía, -de la causa de una a la otra, ha sido forzosamente errónea.

 

Busquemos otro término de comparación que presente con el ser viviente analogías más íntimas.

 

Y bien, una máquina que funciona  se parece a un ser vivo, más que una piedra inerte.  En efecto, una máquina algo de parecido a la finalidad morfológica y fisiológica.  Está formada por órganos, que como los del ser viviente, están construidos y arreglados, siguiendo un plan concebido de antemano y en vista de un fin ulterior (finalidad morfológica).

 

Aun más, la máquina realiza fenómenos análogos a los de la nutrición (combustión del carbón, petróleo, gas, etc.) y a las funciones de relación (movimiento) de los seres dotados de vida, - y todos estos fenómenos están dirigidos a un fin determinado de antemano (finalidad fisiológica).

 

Es evidente pues, que el ser viviente semeja mucho más a una máquina que a una piedra.

 

Investigando la causa de una máquina como la descrita, podremos, gracias a un razonamiento por analogía, remontar a la causa de la verdadera máquina que es el ser vivo.

 

Ahora bien, toda la máquina supone un obrero constructor y conductor, que ha escogido los materiales, que los ha dispuesto, - siguiendo un plan preestablecido, - para formar los órganos y que dirige sus movimientos en vista de este fin.  Este obrero es la causa inmediata de la finalidad morfológica y fisiológica de la máquina.

 

Por analogía sacamos la conclusión de que el ser vivo debe tener, él también, un agente constructor y conductor, que construya los órganos del cuerpo, - siguiendo un plan preestablecido, - y presida a su funcionamiento, dirigiéndolo hacia un determinado fin.  Este agente es la causa inmediata de la finalidad morfológica y fisiológica del ser vivo.  A él es a quien hemos dado el nombre de alma, "ALMA".

 

El método experimental exige que toda hipótesis, - y el alma no tendría por qué ser la excepción a la regla, - sea confirmada por la prueba y por la contraprueba experimental, - o a lo menos que, en la imposibilidad de semejante demostración, explique todos los hechos y no esté en desacuerdo con ninguno de ellos.

 

Así, la hipótesis del éter - aunque no puede ser directamente demostrada por la prueba y la contra prueba experimental, - ha sido admitida en la ciencia porque llena esta última condición.

 

Lo mismo puede decirse de la hipótesis del alma.  En efecto, ella solo explica, de una manera satisfactoria el carácter de finalidad de los hechos vitales, morfológicos y fisiológicos.

 

Es el alma la que rige la división de las células, su diferenciación, su disposición en conformidad a un plan preestablecido, en vista de la formación de órganos de funciones especiales.  Que no se ejercerán sino más tarde.  Es el alma la que preside la evolución del ser y realiza su reproducción.

 

Es su ausencia la que constituye la muerte, es decir, el detenimiento definitivo de la evolución y la supresión de la finalidad vital, en el cuerpo que le servía de substratum y que en adelante vuelve a entrar en el dominio de la materia bruta.  Es todavía, el alma la que coordina los fenómenos vitales de nutrición y de relación en vista de un fin útil.  Ella, en fin, la que tiene por atributo la conciencia y es el agente de las maravillas que hemos estudiado bajo el nombre de instintos y de actos voluntarios.

 

Solo esta hipótesis nos permite comprender la imposibilidad de la generación espontánea y de la transformación de las especies, - imposibilidad demostrada por los hechos experimentales.

 

La hipótesis del ALMA, - bien que no probada directamente, - puesto que explica todos los hechos vitales y no está en contradicción con ninguno, reúne en forma satisfactoria las condiciones requeridas por la ciencia experimental.  Es, una teoría que puede ser introducida en la ciencia y de hecho lo es.

 

Se puede así mismo llegar a definir los atributos del alma por la vía de la hipótesis siguiendo el procedimiento empleado por los físicos para definir los atributos del éter, - procedimiento que consiste en una comparación seguida de una afirmación o negación, - después del control experimental.

 

Puede ser que haya entre nosotros los seres vivos espíritus positivos que, habituados a no ver sino las cosas concretas, experimenten todavía, a pesar de nuestra demostración, dificultad para admitir el alma que no puede percibirse por medio de los sentidos, - esperamos que se admiren de que en un ciencia experimental como la fisiología, se hable de agentes que no caen bajo el dominio de los sentidos.

 

A éstos, para acabar de convencerlos, me bastará recordarles que la física, ciencia experimental por excelencia, admite muchos elementos y agentes que, como el alma, escapa a los sentidos.  La materia es de ese número, como también el éter físico.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres